miércoles, 7 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

CINE EN LOS MARISTAS,
EN LAS TARDES DEL DOMINGO


Las tardes de los domingos, para los sacerdotes de Barruelo de Santullán, eran bastante llevaderas. Eran tardes que podíamos dedicar a pasear, visitar familiares, amigos, o simplemente, leer, escuchar música. En cualquier caso, eran tardes de descanso , de amistad, de ocio bien entendido.

Además de todo lo dicho, los sacerdotes de Barruelo, teníamos otra nueva forma de pasar parte de la tarde: dedicar un par de horas a lo que se vino en llamar y se llama, “el séptimo arte”, es decir a ver cine.

Los Hermanos Maristas, que impartían prestigiosa enseñanza durante la semana y durante la mañana del domingo dedicaban varias horas con los alumnos al deporte, por las tardes, para entretener a sus chicos y ampliar su cultura, programaban dos sesiones de cine: una para los chicos más pequeños y otra para los chicos mayores.

A la segunda sesión, también nos invitaban a los sacerdotes. No sólo a los sacerdotes sino a nuestras familias. ¡Cuántas veces acudí acompañado de mis hermanas y de mis padres, al cine de los Maristas!.

La televisión por aquellos años intentaba entrar en los hogares. Por eso, ver cine entonces, era una novedad, una diversión, casi un juego. Quizás por eso, comencé a apuntar los títulos de las películas que íbamos viendo.

Seguro que por ahí descansa, metido en alguna vieja carpeta, una "libreta" con los títulos de las películas vistas en el Cine de los Maristas de Barruelo! 

Ahora, al pasar los años, sólo recuerdo con nostalgia "el embrujo" de aquellas tardes y la amistad reinante entre todos.

martes, 6 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

CON FRÍO EN LA CARA 
Y EN LAS MANOS


Era costumbre en la parroquia de Santo Tomás, Apóstol, de Barruelo de Santullán, como en otras parroquias de la diócesis, acudir al cementerio, el día de todos los fieles difuntos, a rezar por las almas de los que allí habían sido enterrados.

Esta misión sacerdotal, ya nos lo había advertido Don Manuel con antelación, correspondía a los coadjutores. Por dos razones, una, porque para llegar al cementerio había que subir una empinada cuesta, y la otra, porque había que estar de pie durante mucho tiempo.

El día de difuntos, después de celebradas las Misas, los dos coadjutores, Moisés y yo, con la bendición del Párroco, subimos al cementerio a rezar por los difuntos. Hacía frío aquella mañana. Para protegernos, llevábamos buen calzado e íbamos bien abrigados.

Una vez en el cementerio comenzaban los rezos. Se hacían del modo siguiente: Cada familia invitaba al sacerdote a que se acercara a la sepultura donde descansaban sus familiares. Y allí, con piedad y fervor, el sacerdote rezaba el responso con los fieles; al final, éstos depositaban su limosna en el bonete que el sacerdote tenía en su mano. A cada limosna depositada, correspondía un nuevo responso.

Terminada las oraciones con la primera familia, te invitaba otra familia con la que se hacía lo mismo. Y luego otra, y otra, y así hasta que no quedaban más. Entonces, se rezaba una responso por todos los difuntos en general y terminaba el servicio religioso.

Como nos había advertido Don Manuel, este ejercicio piadoso exigía horas. Horas que había que estar de pie, con frío en la cara y en las manos. Sólo personas jóvenes, como éramos nosotros, podían resistir aquella prueba.

Hoy después de muchos años, pensando en aquel cementerio y en aquellos difuntos, rezo: “Que sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios descansen en paz!  Amén.


lunes, 5 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

AÑORADOS ENCUENTROS SACERDOTALES


Una vez al mes nos reuníamos, durante unas horas, en Barruelo de Santullán, los sacerdotes del Arciprestazgo. A media mañana, llegaban, en distintos medios de locomoción, los curas de Porquera de Santullán, del Santuario del Carmen, de Vallejo de Orbó, de Cillamayor y Matabuena, de Villavega y de Néstar. Con los tres que residiámos en Barruelo, formábamos un importante grupo.

Eran aquellos encuentros para mí, encuentros esperados con especial interés y alegría. Ahora las recuerdo con cierta nostalgia y una pizca de añoranza, quizás porque tengo la seguridad que al revés que “las obscuras golondrinas” “aquellos encuentros jamás volverán”.

Estaban programados en tres partes diferenciadas, pero complementarias. Una parte, dedicada a la oración y meditación, que hacíamos en la Parroquia; otra de estudio que solíamos tener en la casa parroquial, y la tercera, reservada para el almuerzo, que hacíamos en el Colegio de los Hermanos Maristas o en el Hotel Navamuel.

Todo me parecía importante, lleno de valor. Pero quiero recordar de modo especial el aspecto formativo. Consistía éste, en presentar un tema doctrinal de interés y la resolución de algún caso de moral.

Sobrealían en estas reuniones, además de Don Manuel que era el Arcipreste, los sacerdotes de Vallejo de Orbó y de Cillamayor, Teodoro Mayo y José Antonio Abad, respectivamente. Los dos, después me enteré, pertenecían a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, Opus Dei.

Muy pronto advertí que estos sacerdotes destacaban en virtudes humanas y sobrenaturales. Virtudes que se advertían a la hora de presentar los temas doctrinales y a la hora de dar respuesta a los diferentes interrogantes de los casos presentados.

Muy pronto comencé a tratar personalmente con uno de ellos. Trato personal que me ayudó, no sólo a mantener el plan de vida que traía del Seminario, sino a reforzarle y consolidarle. Pero esto es otra historia.


domingo, 4 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS


EL MERCADILLO Y LA CESTA 


Todos los sábados del año, en aquello tiempos,  como ahora, se celebraba un mercadillo generalista en Barruelo de Santullán. Su ubicación era la Plaza España. Allí llegaban vendedores de distintos puntos de la provincia de Palencia y de otras provincias.

Esperábamos ese día con gran ilusión. Y no es porque nos interesase comprar los productos allí ofrecidos  o porque nos agradase contemplar los puestos de mercancías allí instalados. No. La razón era otra, más sencilla y familiar.

Me explicaré: A este mercadillo generalista, entre los vendedores que acudían, estaban unos primos nuestros procedentes de Villasarracino, que cuidadosamente montaban su puesto de ventas de legumbres y otros alimentos de uso común.

Pues bien. Cuando llegaban al mercado mis primos, poco después allí estábamos nosotros para saludarlos y para recoger una cesta que mis padres les habían dado la tarde anterior para que nos la entregaran a nosotros.

En la cesta venían diferentes cosas: desde alubias blancas, hasta ciruelas claudias, desde queso de oveja, a chorizo picante. Y lo que no faltaban nunca eran docenas de huevos frescos. Era el aguinaldo que casi todos os sábados nos mandaban nuetros padres.

Y con naturalidad, allí, en el mercadillo, mientras la gente observaba y compraba, nosotros recogíamos la cesta que cuidadosamente, la llevábamos a casa para que una vez vaciada, devolverla al punto de origen.

Mercadillo y cesta: dos palabras inolvidables.


sábado, 3 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

CLASES 
DE LATÍN Y DE LITERATURA




Además de las tareas propiamente sacerdotales que Don Manuel nos había ido confiando a los coadjutores desde los primeros días de nuestra llegada a la Parroquia, nos proporcionó también otras actividades, no exclusivamente  unidas al oficio sacerdotal pero servían para abrir nuevos campos de apostolado.

A mi concretamente me habló de la posibilidad de dar clases de latín y literatura en una Academia particular de Barruelo. Con total libertad podía aceptar  la propuesta o no aceptarla. Dije que sí.

Así que un buen día, después de desayunar, me dirigí a la Academia en cuestión. Estaba esta Academia en el Barrio de San Pedro, al otro lado del río. Se trataba de un pequeño edifico, con varias clases.

El Director se llamaba Fernando. Un profesor joven, activo, con iniciativas que se había abierto camino de esta manera en una profesión que le gustaba.

Legué a la hora prevista. Alli estaba Don Fernando esperándome. Nos presentamos, hablamos del asunto y llegamos a la siguiente conclusión:  daría clase de latín y de literatura en su Academia. Me señaló los días y las horas y las clases. Después, seguimos hablando de otras cosas durante un buen rato.

Esta actividad, me sirvió para repasar los conocimiento del latín y de literatura estudiados en el Seminario. Eran dos asignaturas que siempre me habían gustado.

Aprendí enseñando y enseñé aprendiendo. Los resultados fueron satisfactorios. Varios alumnos pudieron formarse mejor y abrirse camino en la vida.


PARA ESCUCHAR

viernes, 2 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

FINOS GOLPES 
AL CRISTAL DE LA VENTANA


Desde que llegué a Barruelo de Santullán, todos los días, tuve la dicha de celebrar la Santa Misa en la Capilla de las Hermanas de la Caridad. Era una de mis obligaciones.

La Capilla de las Hermanas era pequeña. En el retablo estaba colocada una hermosa imagen de Nuestra Señora de la Milagrosa. El color azul predominaba en el conjunto.

En la sacristía guardaban las ropas litúrgicas y servía para revestirse el sacerdote. Lo tenían todo muy ordenado, limpio. Se notaba, que además de ser religiosas, eran diligentes, cuidadosas con las cosas del Señor.

La hora de comenzar la Santa Misa era temprana. No recuerdo bien, si a las seis y media o a las siete de la mañana. De todas formas, durante buena parte del año, las calles estaban solitarias.

Solía ser puntual. Para eso, había que levantarse, al menos, media hora antes. Un despertador me ayudaba en esta tarea. Cuando fallaba el reloj o estaba más cansado, seguía felizmente durmiendo.

Más al rato, finos golpes dados en el cristal de la ventana me llamaban al orden. Me preparaba con rapidez y bajaba corriendo a la Capilla de las Hermanas. Allí estaban ellas, rezando, reparando. 

Estos días, no fueron muchos, la luz de los rayos de la Virgen Milagrosa, se me antojaban más claros y luminosos y me ayudaban a decir: "Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos".

jueves, 1 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

OCURRIÓ 
EN MI PRIMER BAUTIZO


Mi primer bautizo en la Parroquia de Santo Tomas de Barruelo, tuvo un punto de novatada. Lo recuerdo perfectamente. Un mal entendido, con su pizca de gracia.

Por entonces, todavía no se había establecido la práctica de tener catequesis con los padres y padrinos, para explicarles en ella, la naturaleza del Sacramento y señalarles las principales ceremonias del acto bautismal.

Los preparativos que se realizaban, corrían a cargo del Párroco. En ellos, se fijaban el día del bautizo, la hora concreta, el nombre a imponer a la criatura y algunas otras cosas más .

Llegó el día de administrar el Bautismo. Era un domingo, después de la Misa mayor. Allí estaban los padres, padrinos, abuelos, familiares, y el que iba a ser bautizado.

Comencé la ceremonia. Al llegar el momento del Bautismo, con solemnidad, dije: “Rosamari, yo te bautizo…No pude seguir. Uno de los abuelos, andaluz por cierto, intervino: “Señor cura, que es un niño y se va a llamar  Oscar”.
Como de sabios es rectificar, rectifiqué y dije: “Oscar, yo te bautizo, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Hubo unas pequeñas risas. La causa del desaguisado: la media lengua del padre de la criatura que al dar el nombre lo hizo de tal modo que me confundió Y en vez de Oscar , entendí: Rosamari.

Desde entonces, puse más cuidado.


PARA ESCUCHAR 

miércoles, 31 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

LA BOLSA DE LOS RESPONSOS


Me he referido varias veces, en estos breves recuerdos de mi primer año de sacerdocio como coadjutor  en  Barruelo, al carácter sencillo y campechano de Don Manuel Palacios, el Párroco.

 Hoy quiero dejar constancia de un pequeño detalle que corrobora esa cualidad de cercanía y confianza que vivía Don Manuel con todos y de modo particular con nosotros, los coadjutores.

Era costumbre, por aquellos tiempos, al terminar la Santa Misa, rezar en silencio un responso pidiendo por el terno descanso de los difuntos por los que se había aplicado el Santo Sacrifico.

Mientras el sacerdote rezaba las oraciones prescritas, los familiares del difunto y demás fieles que habían acudido a la Misa, depositaban una limosna en el bonete que sostenía en sus manos el propio sacerdote o un monaguillo colocado a su lado.

La limosna de esta sencilla ceremonia, la recogía el sacerdote que había oficiado el Sacrificio. Era una manera de ayudar al sacerdote, pequeña, pero significativa. Lo normal era que tales responsos fueran para al Párroco, ya que era él que celebraba estas Misas de difuntos.

Pues bien, y aquí está el detalle positivo, Don Manuel decidió que la cantidad recogida en estos responsos se depositase en una bolsa y cada fin de semana, reunidos los tres sacerdotes, se hiciera el reparto, a partes iguales, de lo recogido.

A los coadjutores nos pareció un detalle de cercanía, de generosidad, de buen hacer. Siempre se lo agradecimos. Y ahora, al recordarlo, lo vuelvo a agradecer. ¡Gracias Don Manuel, por su cercanía.


martes, 30 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

MONAGUILLO, PILLO


Un recuerdo vivo de aquel año largo que pasé como coadjutor de la Parroquia de Santo Tomás, Apóstol de Barruelo, es el referido a los “managuillos” de dicha Parroquia.

Era normal, entonces, que en cualquier parroquia hubiera un numeroso grupo de monaguillos. Solían ser chicos entre los diez y catorce años. Monaguillos mayores de esta edad no era cosa habitual. En efecto, cuando los chicos cumplían catorce años y se salían de la escuela, dejaban también de acudir a la Iglesia como ayudantes.

En la Parroquia de Santo Tomás existía un grupo de monaguillos, escogido por Don Manuel y formados por el mismo a lo largo de varias sesiones, llenas de cariño y delicadeza.

Al comenzar el curso, todos los años, les daba unas sencillas normas que procuraba cumpliesen. Estas normas se referían al orden de actuación, y al comportamiento tanto en la sacristía como, sobre todo, en el altar.

Ahora bien, del dicho al hecho hay mucho trecho. Por eso, aunque las normas eran claras y los monaguillos habitualmente se comportaban con dignidad, no faltaban casos  en los que algunos dejaban bastante que desear.

Era el caso de Wenceslao, el rubio, conocido como el monaguillo travieso, juguetón, inquieto. Más de un regañina recibió de Don Manuel, y también más de una crítica del pueblo.

Pero hay seguía de monaguillo, haciendo de las suyas, llamando la atención, pero ayudando en  oficio tan noble. Haciendo bueno el dicho: “monaguillo, pillo”.


PARA ESCUCHAR

lunes, 29 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

CATEQUESIS DOMINICALES 
PARA NIÑOS

CATEQUESIS DEL PAPA

Unas de las tareas que primero nos encomendó Don Manuel a los coadjutores, fue la atención de niños de catequesis. Había, entonces, en Barruelo muchos niños. Los niños acudían al Colegio de los Hermanos Maristas; las niñas lo hacían al Colegio que llevaban las Hermanas de la Caridad; un tercer grupo, niños y niñas, acudían a las Escuelas públicas.

Además de la formación religiosa que estos niños recibían en sus respectivos Colegios, acudían a la Catequesis que organizaba la Parroquia de Santo Tomás, Apóstol.

Don Manuel el Párroco, aunque gozaba ya de cierta edad, o al menos a mi me lo parecía, tenía “buena maña” para hacerse escuchar por la chiquillería.

Los Domingo, antes de la Misa Mayor, reunía en el templo a buen número de chiquillos. Estos, colocados en los primeros bancos de la Iglesia, escuchaban la sesión catequética que daba Don Manuel.

Era una catequesis sencilla: un cántico de entrada, luego una explicación breve del Evangelio de ese día, para terminar en grupos memorizando algunas preguntas del Catecismo.

A Don Manuel le encantaba dar la explicación del Evangelio. Con su lengua de trapo, graciosa, encandilaba a los críos. La parte de aprendizaje y de memorización nos la dejaba a los coadjutores y a los catequistas.

Al final, todos juntos, se repartían vales o se rifaba algún pequeño obsequio. Y con el mejor orden posible, los niños salían a la calle, daban cuatro brincos y cuatro gritos, para acudir, poco después, a la Santa Misa.

Gota a gota, domingo tras domingo, iban cayendo sobre las almas de aquellos niños, breves explicaciones evangélicas, semillas, que más tarde, fructificarían en cosecha abundante.



domingo, 28 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

PARROQUIA DE SAN JOSE OBRERO


Era el año 1963. Las Viviendas Protegidas de Barruelo de Santullán, conocidas en la localidad como las Casas Baratas, no tenían templo donde celebrar la Santa Misa y realizar actos religiosos.

Sólo los domingos, a media mañana, se celebraba una Misa. Se realizaba en una pequeña sala, donde apenas cabían medio centenar de personas. 

A este lugar, me tocó acudir, mientras fui Capellán de Minas y Coadjutor de la de Santo Tomas Apóstol, muchos domingos. Lo hacía con gusto y la gente vivía la Misa con piedad.

Aquel mismo año, terminado el templo, Don José Souto Vizoso, Obispo de Palencia, inauguró con gran solemnidad la nueva parroquia, dedicada en honor a San José Obrero. Durante algún tiempo tuve la suerte de celebrar la Santa Misa en esta Iglesia: amplia, moderna, limpia.


Fue su primer Párroco, Don Agustín Gallardo, al que sucedió Juan Antolín de las Fuentes.


sábado, 27 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

¡¡¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!!!


Eran otros tiempos. Aún no habían llegado las normas litúrgicas, que más tarde, emanarían del Concilio Vaticano II, sobre el modo de celebrar  y de asistir a la Santa Misa.

Cuando llegué como Coadjutor a la Parroquia de Barruelo, año 1963, era costumbre, siempre que se pudiera, que un sacerdote explicara, desde el púlpito, los distintos momentos de la Misa, mientras que otro sacerdote “decía (sic) la Misa”.

Se celebraba de espaldas al público y además en latín. Por eso, convenía que otro sacerdote fuera desgranando, paso a paso, las oraciones, que el celebrante en lengua latina y en voz baja iba diciendo.

No me extrañó, por eso, que Don Manuel nos diera el cargo, a los recién llegados sacerdotes, de explicar la Misa a los fieles. Era sencillo: decir en castellano lo que el celebrante iba haciendo y diciendo.

El momento cumbre era el de la Consagración. El que explicaba se arrodillaba en el púlpito, la gente lo hacía en sus lugares, el sacerdote junto al altar. Y mientras en el templo sonaba la campanilla del monaguillo, se oía en el silencio: “Señor mío y Dios mío”.

¡Qué hermosos años aquellos en los que la piedad del sacerdote y la piedad del pueblo iban de la mano!


PARA ESCUCHAR

viernes, 26 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

MI PRIMER SERMÓN DE “CAMPANILLAS”


Fueron pasando los meses. Y llegó la fiesta de Santo Tomás, Apóstol, Patrón de la Iglesia Parroquia de Barruelo, entonces se celebraba el 21 de diciembre.

 Don Manuel, un mes antes, me había indicado que el sermón de Santo Tomás, este año, me correspondí a mi. Acepté la propuesta y comencé a prepararme con tiempo.

Iba a ser aquel mi primer sermón de “campanillas”. Por lo que puse gran ilusión en prepararlo, le dediqué el tiempo necesario, y esperé con ilusión aquella fecha. Al fin, llegó.

En el Seminario nos habían enseñado que un buen sermón tenía que tener varias partes. Lo primero había que darle un título. Luego había que escoger un texto bíblico y comenzar con él. A continuación, había que desarrollar el tema. Para ello, había que elaborar una introducción, construir un cuerpo ordenado de mensaje, con divisiones y subdivisiones, para presentar al final una conclusión  sencilla y fácil de recordar por los oyentes.

Con esto ingredientes, comencé días antes a preparar el sermón del día del Patrono. Acudí a la protección divina, me informé, utilicé materiales, traté de inspirarme, me hice ciertas preguntas, escribí un bosquejo de sermón, lo memoricé lo mejor que pude y esperé el día. Y llegó el día.

Ofició la Misa Don Manuel ayudado de varios acólitos. Yo era el predicador. Subí al púlpito e hice lo que pude. Terminé sin que recibiera ninguna amonestación. Luego Don Manuel, ya a solas, me dijo: “Muy bien”. No recuerdo nada de lo que dije.


jueves, 25 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

ALGUNOS APUNTES DE LA HISTORIA DE BARRUELO DE SANTULLÁN

CUARTELES DEL PASEO

Don Manuel también nos informó del Centro Ademar, relacionado con los Maristas; del Hospital para mineros; de las Hermanas de la Caridad, de las Escuelas, de los Barrios y otras cosas relacionadas con Barruelo. Hoy, después de cincuenta años, recojo estos datos encontrados en la pagina Web del Ayuntamiento de Barruelo, con el epígrafe: Historia: la consolidación de Barruelo de un núcleo de población estable.

“Se necesita incrementar la población minera y es entonces cuando se piensa en la construcción de cuarteles, Cajas de Socorro, escuelas, hospitales, economatos etc. Así leoneses y asturianos llegaron a Barruelo, conocedores del oficio, y se lo enseñaron a los trabajadores temporales que compartían labores en el campo con los trabajos en la mina según las estaciones de año. Pero para retener la fuerza de trabajo que llegaba y conseguir un núcleo de población estable, se hacía necesario proporcionarles un lugar donde vivir, y también adaptar la mentalidad de estas gentes de cultura campesina, profundamente arraigada, a la nueva era industrializada.

miércoles, 24 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

EL H. BERNARDO, 
MARTIR EN BARRUELO

HERMANO BERNARDO, MARTIR

Muy pronto, Don Manuel Palacios, nuestro querido Párroco, nos puso al día, a los dos coadjutores, de los lugares que deberíamos atender, como sacerdotes, a lo largo de las semanas. Nos informó, en primer lugar, sobre el Colegio de los Hermanos Maristas. Y nos habló con verdadero entusiasmo del Hermano Bernado.

Recordemos algunas cosas del Hermano Bernardo:

El 6 de octubre del año 1934, el hermano Bernardo fue asesinado en Barruelo, Palencia, (España). Tenía 45 años.

La revolución en Barruelo: La revolución en Barruelo, que se extendió por la región minera de la provincia de Palencia, ha de ser situada en el contexto de la llamada revolución de Asturias del mes de octubre de 1934. La villa de Barruelo tenía las minas de carbón más importantes de la región.

La organización socialista había caldeado el ánimo de los mineros de las cuencas mineras en especial la de Barruelo. En el verano de 1934 los rumores de un levantamiento era insistentes y con la acumulación de armas y la fabricación casera de bombas y cócteles Molotov en la sede socialista estaban dispuestos y preparados para la lucha.

El periódico El Socialista, el 4 de octubre, había dado la consigna: "Jamás un paso atrás. Todos adelante”, los socialistas de Barruelo esperaban órdenes. Convocada la huelga general, la adhesión fue total. El 5 de octubre, Barruelo estaba ya dispuesta y preparada. El primer ataque fue dirigido contra dos guardias civiles que tuvieron que refugiarse en el Ayuntamiento, éste fue pasto de las llamas. Hubo más ataques, seguidos de desfiles a los sones de La Internacional. El 6 de octubre, la revolución prosiguió. El cuartel de la guardia civil y la iglesia parroquial fueron incendiados.

martes, 23 de julio de 2013

SENCILAS VIVENCIAS

BARRUELO DE SANTULLÁN 
PARROQUIA DE SANTO TOMAS

PARROQUIA DE SANTO TOMAS APOSTOL

Poco a poco fui conociendo el pueblo y, sobre todo, la Parroquia. Barruelo, está situado en el extremo nororiental de Palencia, a 14 kilómetros de Aguilar de Campoo y cerca del municipio de Brañosera, primer ayuntamiento de España, a serle otorgada en 824, la primera carta puebla.

Pertenece a la comarca de Santullán. Esta comarca, está “formada por una agrupación de pequeñas localidades que llevan ese apellido en función de un vínculo hagiotoponimo (San Julián). En l expasión territorial del Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de campoo aparecen multitud de lugares entre los que aparece Barruelo”.

Por su parte, “la iglesia de Santo Tomás está sitúa en el centro del casco urbano, sobre una pendiente a la izquierda de la carretera que conduce a Brañosera”.

“Originariamente presentaba planta de cruz latina, de una nave, ábside cuadrado y espadaña con tres huecos sobre el arco triunfal.
El templo fue destruido durante las revuelta minera de 1934, de ahí que toda la obra actual sea de nueva planta excepto la esquina sureste, -quizá perteneciente al antiguo ábside- que conserva sillares románicos”.


“El máximo interés artístico del exterior del templo se localiza en las ventanas del muro este y sur y en algunos canecillos que se conservan de época medieval”.

“Entre los temas que decoran los capiteles de estas ventanas destacamos: flores cuadripétalas, dos personajes zoomorfos afrontados, rostros flanqueados por flores cuadripétalas y motivos vegetales muy deteriorados”.

“En cuanto a los canecillos que aparecen bajo la cornisa del muro sur, se conservan cuatro que representan figuras antropomórficas: rostros masculino y femenino de largos cuellos engarzados, un lector, un atlante y un personaje tirándose de los cabellos”.

“El resto de la escultura monumental del edificio se reduce a elementos de factura moderna imitando el estilo románico: alero de triángulos incisos, moldura de puntas de diamante que rodea exteriormente el ábside y los correspondientes canecillos”.

Mañana más.


PARA ESCUCHAR

lunes, 22 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS


DE PASEO POR LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO
CASAS BARATAS DE BARRUELO

Después de unos días de descanso en la casa de mis padres, volví a Barruelo de Santullán a principios de agosto. Para esas fechas había sido nombrado otro coadjutor para la Parroquia de Santo Tomás. Se trataba de Moisés Relea Caminero, compañero de estudios en el Seminario y ordenado el mismo día que yo en Palencia.

A Moisés, que también dependía de Minas, además de ayudar en la Parroquia,  le correspondía atender, especialmente los domingos, un poblado donde vivían algunos mineros trabajadores en el Pozo Calero. El poblado se le conocía con el nombre de Barrio de Elechar.  Más arriba estaba la Parroquia de Brañosera, asistida por otro sacerdote.

Yo, por mi parte, además de servir a Monjas y Frailes, como ya dije, atendía los domingos a un buen número de familias que residían en el barrio conocido como el Barrio de Casas Baratas de reciente construcción.

Este Barrio, aunque bastante numeroso y a cierta distancia de la Parroquia, aquel año aún no tenía templo. Estaba en construcción. Se inauguraría ese mismo año. Esa era la razón de que la Misa se celebrara en una sencilla bajera, bien preparada pero pequeña.

Moisés residía en un pensión cercana a la Plaza del Ayuntamiento. Disponía de casa propia, y en ella pasaba algunos ratos. Yo viví, primero en el Hotel Navamuel,  después de un mes residí en la casa del paseo de la que hablábamos ayer.

Nos llevábamos muy bien: Párroco y coadjutores. A Don Manuel le gustaba, terminadas las actividades parroquiales de la tarde, pasear por la Plaza del Ayuntamiento, acompañado de sus coadjutores. El llevaba siempre la voz cantante. Cuando la gente le paraba se deshacía en alabanzas de sus nuevos curas.

Fueron días inolvidables. Siempre recuerdo a  Don Manuel Palacios, como un cura sencillo y bonachón. Siempre con una sentencia en su boca y una sonrisa en sus labios.

¡Que en paz descanse!


domingo, 21 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS



EN EL VIEJO PASEO: 
MI CASA


En el paseo que se contempla en la foto, estaba mi casa. Mejor, la casa que me proporcionó la Dirección de las Minas de Barruelo. 

La casa está situada entre dos vas rurales. Por la parte alta, según se observa en la fotografía, se puede ver  la carretera que da entrada a la Plaza del Ayuntamiento. Por la parte baja, discurre  un camino que se lleva a las casas existentes junto al río.


Entre las dos vías rurales, se elevaba un grupo de casas, todas ellas, entonces, pertenecían  a la empresa de Mina. Son de tres pisos. Los dos pisos altos están  adornados por balcones de madera; el piso de abajo, tiene la entrada a ras de calle.


Una hilera de plantas adornan la entrada y un pequeña balconada protege a los más pequeños de caer al camino de abajo.


Esta era, supongo será siendo, la distribución de la planta baja. De esta vivienda. Tenía  tres espacios a izquierda y otros tres a derecha. En medio, un pasillo al que daba luz una ventana situada al fondo.


La primera habitación de la izquierda, estaba destinada a comedor, era amplia y con ventana a la calle. Otra habitación, más pequeña, en medio, sin luz exterior, era la que yo ocupaba; más adelante, estaba la cocina y el cuarto de baño, los dos con ventanas al exterior.

Por el otro lado, existía un despacho amplio, con ventana también a la calle; a continuación, una pequeña dispensa sin luz exterior  y más al fondo, una habitación grande, que ocupaban mis hermanas.


En conclusión: una pequeña casa, sencilla, funcional  y, sobre todo barata. La luz, el agua, el  carbón y alguna cosa más corrían a cargo de la empresa. Allí vivimos algo más de un año.


sábado, 20 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

DEBERES Y DERECHOS 
DE UN CAPELLÁN DE MINAS

BARRUELO EN LOS AÑOS 60/70

El nombramiento que había recibido del Obispo de Palencia, era el siguiente: “Capellán de Minas y Coadjutor de la Parroquia de Santo Tomás de Barruelo de Santullán”.

Al ser nombrado Capellán de Minas de Barruelo y Coadjutor de la Parroquia, para algunas cosas dependería del Director de Minas y para otras del Párroco del pueblo.

Don Manuel Palacios, que así se llamaba el Párroco, como ya he apuntado más arriba, al día siguiente de presentarme ante él, me dijo que sería conveniente visitar al Director de Minas cuanto antes y que él me acompañaría.

El día 11 un poco después de las doce, llegamos al Despacho del Director de Minas. Nos recibió con gran amabilidad. Después de los saludos de rigor, brevemente, me informó de cuales eran mis obligaciones y también cuales eran mis derechos como Capelán de Minas.

Estas eran las obligaciones: atender espiritualmente a las Hermanas de la Caridad y a los Hermanos Maristas, Colegios que dependían económicamente de Minas de Barruelo; visitar si hiciera falta a mineros heridos en los pozos y estar en contacto con la Empresa. Y poco más.

Como prestaciones, Minas se comprometía a pasarme un sueldo mensual, por cierto, superior al que percibían entonces los sacerdotes;  me proporcionaba casa donde vivir, con gastos de agua, luz y carbón pagados; asistencia de médico y practicante de la Empresa; y además, podría acudir al economato de Minas, abierto para sus empleados, para adquirir alimentos a precios más baratos.

Mañana hablaré de la casa.

viernes, 19 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

MERECIDAS VACACIONES 
DE VERANO


Hasta finales de julio permanecí en Villasarracino, en casa de mis padres. Fueron días de auténtica paz y de palpable sosiego. El sacerdocio recién estrenado me llenaba de gozo y toda una tarea sacerdotal por delante, me entusiasmaba.

Aproveché aquellos días de vacaciones, para rezar con más paz y sosiego el Oficio divino; para hacer un rato de oración cada día junto al Señor, presente en el Sagrario; para celebrar la Santa Misa, acompañado de los míos, con la mayor devoción posible.

Era entonces costumbre de celebrar solos. No se concelebraba. De ahí que a veces dijéramos Misa dos o tres sacerdotes a la vez, pero en distintos altares. A los nuevos nos gustaba celebrar en los altares del Cristo, del Rosario, del Carmen, de Arbas.

También dediqué algún tiempo de aquellos días, a conocer mejor la geografía del pueblo al que había sido destinado. Aprendí aquellos días un poco más de Barruelo de Santullán, de sus tierras, de sus gentes.

Uno de los recuerdos que guardo de aquellos días de julio, es la alegría que traslucía el rostro de mi madre cuando, de regreso del campo, me veía vestido de sotana e ilusionado con mi ministerio. Lo mismo que mi padre, aunque lo exteriorizara menos.

De los ratos que pasé junto a los sacerdotes mayores de Villasarracino, aprendí muchas cosas. De Don Teodoro, el amor a la Parroquia, el amor a la liturgia y el cuidado de las cosas sagradas; de Don Avelino, el amor al estudio, el afán por la formación permanente y la educación en buenos modales.

Los paseos al caer la tarde, eran deliciosos. Mientras los labradores trabajaban duro en las eras o en el campo, los sacerdotes entrelazábamos en nuestras conversaciones la experiencia de los años y los sueños de los comienzos.