jueves, 15 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA
Alcé los ojos y noté que la Santa estaba un tanto agitada. Entonces pensé que convenía que la Santa descansara. Sin hacer demasiado ruido, me levanté del banco donde estaba sentado. Con suavidad me acerqué hasta donde estaba colocado el armonio y con suavidad giré una manivela y abrí una ventana. El ruido que produje al abrir la ventana hizo que la Santa callara. Aproveché entonces para dirigirme a la Santa y contarle yo también alguna cosa. Para empezar hice un pequeño ruido con los dedos. Rompí el silencio y comencé:
Santa Teresa, perdón, aunque sé que eres Doctora de la Iglesia y que sabes muchas cosas, permíteme que te cuente los últimos cambios ocurridos aquí en esta Parroquia y sobre todo en el templo. Te diré que todo comenzó con el cambio de párroco. Al jubilarse Don Ángel Gogorza, el Sr. Obispo -a la sazón Don Fernando Sebastián- nombró a Don Jesús María Arbuniés nuevo párroco de esta feligresía. Don Jesús Mari Arbuniés es un sacerdote joven. Los primeros que cumpla serán cuarenta y uno. Nació en Venezuela pero de pocos meses le trajeron a Pamplona. Y aquí ha tenido su residencia siempre. Durante algunos años estudió en el Seminario de Toledo. Luego en el de Pamplona, donde terminó su carrera y fue ordenado sacerdote.

Ejerció su labor pastoral en Roncal, entre montañas, nieves y buenas gentes. Después trabajó como coadjutor en la Parroquia de San Francisco Javier (Pamplona) y los seis últimos años en la Parroquia de San Miguel, también de coadjutor. Ahora lleno de fuerza y juventud, ha llegado aquí, a nuestra parroquia, con ganas de hacer cosas. Y ha empezado -como suele decir él- por lo más fácil”. 
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miércoles, 14 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA




Dejando a parte estos pensamientos, seguí recitando mis oraciones. 

Al terminar, ya va siendo habitual, de nuevo oí en mi interior las voces de Santa Teresa que me decía: “Así permanecí varios días. Acaso meses. Las lluvias resbalaban por mis espaldas suavemente. Alguna ardilla quiso hacer casa en mi interior, pero no lo consiguió. Estaba yo demasiado dura para aquellas finas uñas pudieran perforar mi naturaleza. Alguna vez también sentí el golpe de alguna piedra que quizá algún pastor lanzó a su perro. Unas y otras cosas fueron sobrellevando con paciencia.

Lo que más molestó fue el calor. Al no tener raíces por donde adquirir vida, mis extremidades se fueron resecando. Las altas temperaturas abrasaba la poca sangre que quedaba en mis venas. Y fui perdiendo la esbeltez, la galanura que tuve a gala en otros tiempos. Y me fui quedando sin vida en las ramas, las hojas se volvieron mustias y me sentía sin fuerzas”.

PARA VER Y ESCUCHAR
https://www.youtube.com/watch?v=j_5oGASRjXs

martes, 13 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA

Tras esta confesión de Santa Teresa, agobiado y preocupado, me levanté del banco. Me dirigí a la sacristía. Preparé para rezar el Rosario y celebrar la Santa Misa. 

El Rosario -lo aprendí de pequeño- es la mejor oración que podemos dirigir a María. A mí nunca me pareció aburrido. Quizás fue porque aprendí esta devoción del ejemplo de mis padres. En mi casa vi rezar el Rosario, desde pequeño, todos los días. También los días en los que llegaba mi padre y mi madre rendidos del campo.
Antes la Santa Misa. Sí, la Santa Misa es el centro y la raíz de nuestra vida interior. En la Misa adoramos a Dios, le damos gracias, le pedimos perdón y le rogamos nuevos auxilios. Son los fines de la Misa. Cuando estudié teología aprendí que estos fines son: latréutico, impetratorio, etc.
Aquel día, el rezo del Rosario y la celebración de la Santa Misa, me llenaron de paz. Casi me olvidé de lo que la Santa me había contado. Aunque a decir verdad, no lo pude olvidar del todo.

Terminada la Misa, era mi costumbre, inicié mi acción de gracias por la Comunión recibida. Para mi la acción de gracias es una necesidad. A veces cuando contemplo a la gente que finaliza la Misa se apresura a salir a la calle, me causa un temblor especial. Comprendo que pueda haber casos en los que la obligación esté por delante de la devoción, pero en los casos en que los tan raudos para salir del templo, se quedan largos ratos hablando en el pórtico o se dirigen veloces al bar, no lo entiendo. Sólo la falta de formación eucarística me mueven a disculpar estas conductas.

lunes, 12 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA
Descasaron un rato los hombres. Un pajarillo dejó sentir su presencia. También una salamandra se movió en el suelo. El aire movía mis ramas y hasta el sol se hizo más presente aquella mañana. Yo temblaba de miedo y de dolor. Iba sintiendo debilidad en mis ramas y parece que la vida se me iba a borbotones por aquella herida abierta por aquellos forzudos señores.
Pero valiente como yo era, y con la fuerza que dan los años, seguí fiel a mis costumbres y saludé a mis compañeros y vecinos y mandé un mensaje hasta el final de mis raíces por el lugar que aún me unía a ellos. Y, sobre todo, no dije nada. Callé. Aguanté, con naturalidad el dolor, repasé tiempos pasados y soñé con futuros mejores.

Pasado un rato, volvieron los dos hombres. Y volvieron a manejar la sierra. Ahora con más energía y también con más prisas. Quizás con menos rapidez pero con idéntica insistencia. Y poco a poco fueron calando en mi vida. De repente, sentí que aquello se acababa para mí. Quise gritar, pedir auxilio, protestar, llamar la atención, pero no pude. Chasquee como un pequeño palitroque, mi copa dio en el suelo y la altura de la que durante tantos años había presumido, se hizo larga, extensa, fría. Quedé aplastada por un lado, por el otro rechoncha”.
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domingo, 11 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA

De nuevo, Santa Teresa comenzó a hablarme. Me senté de nuevo y comencé a escuchar. “Después de un tiempo no muy largo -siguió-, aunque no sería capaz de precisar, llegaron otros hombres. venían andando. Detrás les seguían unas caballerías, una más grande, parecía una vieja yegua, la otra más joven y más pequeña, se trataba de un asno de carga. Sobre el asno colgaban unas viejas alforjas. El más joven de los hombres, desatando la alforja sacó de ella una pequeña sierra y dos hachas. También extrajo, no sin dificultad dos estacones, unas mazas y algunas cuerdas.
Trabados los animales, los dos hombres, con sus herramientas en las manos, se acercaron hasta mí. ¿Qué irían a hacer? Dejaron las herramientas en el suelo y se sentaron sobre la hierba que crecía a mi alrededor. Enseguida comenzaron a comer unos hermosos bocadillos que traían envueltos en viejos periódicos. De vez en cuando, entre mordisco y mordisco, echaban largos tragos de vino estrujando una hermosa bota de pellejo.
Hablaron un rato. Fumaron sendos cigarros. Por fin se acercaron hasta mí. Con las hachas comenzaron a mellar mi tronco. Ahora, mientras trabajaban, apenas hablaban. Tan sólo breves monosílabos y gorjeos ininteligibles. Después de haber asestado certeros golpes sobre mí con el hacha, prepararon la sierra y comenzaron a trocear mi grueso tronco. De sus frentes caían gordas gotas de sudor. Al compás del ruido de la sierra iban perforando mis entrañas. 

¿Qué iba a ocurrir?
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sábado, 10 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS


Y ME HABLÓ LA MADERA 


Por la tarde volví al templo. 

Tres jóvenes que se cruzaron por el camino me dijeron adiós. Desde el balcón de una casa me saludó su dueño. Un perro flaco pasó junto a mí y me ladró dos veces. Las hierbas de los jardines habían perdido el color verde intenso. Un coche color rojo salió del lugar donde estaba aparcado y me saludó con dos pitidos.

Abrí la puerta de la iglesia. 

 Un olor a barniz fuerte llegó a mis narices. Las luces del presbiterio estaban encendidas. Un tercio del andamio resistía de pié. Al parecer la restauración del retablo estaba llegando a su fin. 

Me arrodillé unos instantes. Saludé al Señor que oculto nos espera en el Sagrario. Para mi el Sagrario es el centro de la iglesia. Una lamparilla eléctrica nos señala que el Jesús, el Hijo de Dios, está allí presenté, sacramentalmente, pero con su Cuerpo, y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad.

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viernes, 9 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA

Amanecieron nuevas auroras y llegaron nuevas puestas de sol. Y también presencias de lunas y risas de millares de estrellas. Y por dentro, un cosquilleo fino y suave de risas y de flores.
Y a mí alrededor, todo siguió igual. Yo iba sintiendo que el tiempo pasaba, que los horizontes cada vez eran más largos y que los espacios se hacían más hermosos. Y vivía feliz y tranquila”.

La parrafada había sido larga, desconcertante, pero yo la había escuchado entusiasmado. 
Me levanté, salí del templo. Recorrí dos calles dirección norte y me encontré con un anciano que caminaba despacio por la cera de la derecha de su calle. Le saludé con amabilidad y él respondió con parecido saludo. Hablamos de la familia, de los hijos, de los nietos. Me despedí del anciano y me fui a casa. Era la hora de comer.

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jueves, 8 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA


Pero un día, pasó por allí un señor vestido de pana, llevaba calzado alto, gorro en la cabeza y un bastón en la mano. Se acercó hasta mí en ademán de saludo, pero tras apartar una rama que se enroscaba en mi talle, me marcó con un pequeño punzón cortante en mi corteza. 

Sentí un ligero cosquilleo, casi imperceptible. No entendí que era lo que había hecho aquel hombre. 

El, antes de marcharse, volvió a mirarme, pasó las yemas de sus dedos por la pequeña señal y sin otro gesto, se alejó. Nunca más volví a ver a aquel paisano.

Pasaron las horas. Llegó de nuevo la tarde, la noche y las sombras apagaron mis pensamientos. Aquella noche soñé con viajes y aventuras, con gentes y con fiestas, Algo extraordinario adivinaba iba a ocurrir en mi vida. No sabía que iba a suceder conmigo, pero vislumbraba acontecimientos extraordinarios. Quería explicármelo pero acerba a hacerlo.

miércoles, 7 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS


Y me habló la madera

“Quiero contarte la historia de mi vida”. 

Yo abrí los ojos y procuré escuchar con atención. Ella siguió: “Yo nací en un monte navarro -quizás pudo ser en otro monte de España o de cualquier sitio del mundo- hace más de quinientos años. Un día un hombre de manos toscas, de piel curtida y de temple recio, plantó una semilla en un agujero hecho en la tierra.
Con el tiempo, las aguas y el sol, aquella semilla fue creciendo. Y aquella semilla se hizo un pequeño árbol, después más grande. Por debajo de ese árbol pasaron ganados de ovejas con sus pastores; alguna vez también se acercó hasta mi vera algún caballo, zorro y jabalí. Vi llover y nevar, sentí el suave aire de la brisa y el vendaval que amenazaba con arrancarme de cuajo. Pero resistí heladas y heladas, vientos y calores. Y nieblas cerradas. Fueron las nieblas cerradas las que más me atosigaron a la hora de crecer y al respirar.
Pero de todo fui saliendo. Y fui creciendo con fuerza. Me hice robusta y recia. Fui ampliando mi extensión y mis dominios. Cada vez mis ramas se hicieron más fuertes y mis hojas se ampliaron. Me hice fuerte, tan fuerte que a nada ni a nadie tuve miedo. 

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https://www.youtube.com/watch?v=VTge3xXr8YY

martes, 6 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y me habló la madera



Sin dejar de atender a la Santa, que me estaba hablando, comencé a hacer un rato de oración. 

Aquel día el texto que había escogido para tratar de amistad con el Señor, era el número 499 de Camino, que dice así: “María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo. - Aprende de Ella a vivir con “naturalidad”.

Con naturalidad quería yo vivir y lo intentaba. Por eso, traté de orillar aquellas voces interiores que Santa Teresa me enviaba. 

Y le pedí a Dios, por medio de María, que me ayudase a ser fiel, sencillo, normal. Pero otra vez, la voz de la Santa llegaba a los oídos de mi alma. Y oí que me decía: (SEGUIRÁ)
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lunes, 5 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y me habló la madera

Era un día frío y seco, puro invierno, cuando llegué al templo y vi que la imagen de Santa Teresa de Jesús, que tantos años había visto colocada en un lateral del presbiterio, estaba puesta sobre una peana dorada, situada en el centro del retablo que se acababa de colocar en este templo. 

Apenas me senté en el banco de madera amarillenta, la Santa comenzó a hablarme. No me hablaba con palabras humanas, sino en el silencio. Era información interior, envuelta en misterio, pero con una claridad exquisita.

Lo primero que me dijo fue que estaba feliz ocupando su nuevo puesto. Que hacía tiempo que estaba esperando este cambio. Que no estaba disgustada con nadie. Ni con quienes la trajeron a esta iglesia, ni con quienes habían decidido que ocupase el último lugar en el rango de preferencias. 

"Al fin de cuentas -siguió diciendo la Santa- Jesús es el Señor y María es su Madre. Y yo -aunque santa- no dejo de ser una criatura, "vanidosilla" a veces, ligera en otras y merecedora del infierno en muchas ocasiones". (SEGUIRÁ)

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domingo, 4 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Boceto histórico de la Parroquia 
de Santa Teresa de Jesús 
(Pamplona)



Antecedentes
Nací el 10 de mayo de 1938, en un pequeño pueblo de Palencia, llamado Villasarracino. Villasarracino está situado en el corazón de Tierra de Campos, “lejos de río caudaloso y de célebre monte”.

Mis padres, Pedro y Mercedes, eran labradores. De los ocho hijos que tuvieron yo soy el segundo. Gracias a las oraciones de mi madre y al trabajo de mi padre, llegué al sacerdocio. Me ordenó de sacerdote Mons. José Souto Vizoso el 29 de junio del año 1963. 


Mi primer nombramiento fue: Capellán de Minas de Barruelo de Santullán, pueblo minero al norte de Palencia, coadjutor de la Parroquia de Santo Tomás Apóstol y Capellán del Hospital de las Hijas de la Caridad de la misma población. 
Catorce meses después fui nombrado Ecónomo de Cillamayor y Matabuena, dos parroquias muy cercanas a Barruelo. Zona montañosa y también minera.

En septiembre del año 1967, con el permiso del Obispo de Palencia, salí de estos pueblos y me trasladé a Pamplona para estudiar Teología, en el entonces recién creado Instituto Teológico, instalado en los Claustros de la Catedral de Pamplona. Habían pasado cuatro años de mi ordenación. Todavía era un joven sacerdote.

Para estudiar, escogí la Universidad de Navarra. Para ejercer el ministerio sacerdotal, fui acogido en la Parroquia de San José por D. Mariano Elarre, D. Manuel Elvira, D. Alfonso Acona (los tres fallecidos) y D. Urbano Larrea. A todos estoy profundamente agradecido.

Y para poder vivir (el Obispo me había enviado con las manos vacías), durante el primer curso de licenciatura, comencé a trabajar, como profesor de Religión, en el Colegio El Redín. Allí conocí a los primeros niños navarros, hoy ya profesores y algunos ilustres abuelos.

El segundo año, por suerte, fui nombrado Capellán de Irabia, Colegio que entonces estrenaba edificios en la antigua Morea, entre la Chantrea y Burlada. ¡Cuántos niños de aquellos son ahora hombres maduros! Era el año 1968. 

Y en Irabia estuve, mientras terminé la Licenciatura y parte del Doctorado, hasta el año 1980, que pasé al Colegio Miravalles (entonces en Huarte, hoy en Echavacoiz), donde estuve cinco años, también como Capellán y Profesor de Religión. Ese año defendí la tesis sobre Episcopurm stimulus…. Y comencé la Licenciatura en periodismo, hice un programa en Radio Requeté: “En todo momento” y colaboré en el Diario Palentino y en el Diario Navarra, con artículos breves que después fueron el material de dos de mis libros: Villasarracino y Al Trasluz.

Durante todos estos años, los domingos celebraba Misa y confesaba en la Parroquia de San José, donde fui siempre tan bien acogido, atendí a sordomudos en Canosianas los jueves, y algunos fines de semana di algunos cursos de retiro en Burgos, San Sebastián, Pamplona, etc.

El 19
86, terminada la carrera en la Facultad de Ciencias de Información, comencé a trabajar en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, donde además de fundar y sacar el Boletín Informativo de las Facultades, colaboré en distintos medios y atendí a diversas revistas y televiones españolas. Publique dos libros más: Hojas sueltas y Recuerdos del Campo.

El año 1973, después de cinco años en los que había vivido en Travesía Espronceda, y Miravalles, me trasladé a la II Agrupación Orvina, n. 2, 3º C, ahora C/ Villafranca, ubicada a dos pasos de la Parroquia de Santa Teresa de Jesús. Y es entonces, cuando empecé a conocer a esta Parroquia, a sus gentes y a sus párrocos.

Y también cuando comencé a trabajar en ella. Al principio celebrando la Misa de la 7,30, de los días laborables, que se añadió para mi, antes atendía confesiones; y la del las 10 de la mañana, los domingo, también con confesiones antes. Más tarde pasé a formar parte del Consejo Pastoral Parroquial, como miembro primero y después como secretario. 

Y desde hace seis años, al jubilarme en la Universdiad, soy Vicario Parroquial por nombramiento de Don Fernando Sebastián Aguilar, a la sazón, entonces, Arzobispo de Pamplona.

Párrocos de esta Parroquia han sido Don Conrado Cruchaga, Don Javier Vesperinas, Don Angel Gogorza, y ahora Don Jesús María Arbuniés.

Pues al hilo de conversaciones tenidas o inventadas con estos párrocos iré construyendo un primer boceto de la Parroquia de Santa Teresa. Digo inventadas porque la primera de ellas tiene que ser con Don Conrado y don Conrado ya ha muerto. Pero hablaré con los datos que él dejó, muy interesantes y que no son pocos.

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sábado, 3 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

CHARLA SOBRE EL MISAL ROMANO

 POR JOSÉ MARIA CALVO DE LAS FUENTES

I.- INTRODUCCIÓN

Tengo entre mis manos la Ordenación General del Misal Romano, “la publicación de la traducción en lengua española o castellana de la Institutio generalis Missalis Romani, que forma parte de la tercera edición típica latina del Missale Romanum ex Decreto Sacrosancti Concilii Vaticani II instauratum auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, Ioannis Pauli PP. II cura recognitum, ordenación que tiene como finalidad permitir a los sacerdotes y, en general, a todos los fieles interesados, el acceso al texto autorizado de uno de los más importantes documentos que encabezan el libro litúrgico que es preciso usar en la celebración de la Eucaristía”, el Misal.


II.- Hagamos un poco de historia.

Casi durante cuatrocientos años, para la celebración de la Eucaristía o Misa (estamos hablando en el rito latino), se siguieron las Rúbricas generales y Ritus servandus del Misal Romano publicado por San Pío V, después del Concilio de Trento, el año 1570


viernes, 2 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Don José María
Calvo de las Fuentes


El día 29 de mayo de 2003, tuvo lugar un encuentro-homenaje en honor de Don José María Calvo de las Fuentes, Director desde hace diecisiete años de este Boletín.

Al acto organizado por las Facultades de Estudios Eclesiásticos de la Universidad de Navarra, asistieron un numeroso grupo de Profesores de estas tres Facultades, familiares y amigos de Don José María.

Don José María nació el 10 de mayo de 1938 en Villsarracino (Palencia). Hizo sus estudios en el Seminario Conciliar de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1963.

Prestó sus servicios ministeriales en Barruelo de Santullán como Capellán de Minas, y como Ecónomo en Cillamayor y Matabuena.

Obtuvo la licenciatura en Sagrada Teología y el grado de doctor, con la tesis “San Antonio María Claret, Arzobispo de Santiago de Cuba (1850-1870)” en la Universidad de Navarra. Posteriormente consiguió la licenciatura en la sección de Periodismo en esta Universidad.

Ha sido Profesor de Religión en los Colegios Redín, Irabia y Miravalles (Pamplona). Durante años colaboró en la cadena SER y en la COPE; y escribió asiduamente en el Diario de Navarra, en El Diario Palentino y distintas revistas.

Ahora, después de más de tres lustros haciendo este Boletín, nos deja. Enhorabuena y gracias por sus servicios.

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jueves, 1 de enero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

JOSÉ MARÍA CALVO
DE LAS FUENTES



¡¡¡ ATENCIÓN !!!


Con el año 2015, comienzo una nueva sesión. Se trata de ofrecer viejos escritos pertenecientes a distintos tiempos y redactados por diversos motivos. Algunos son breves, otros más largos. Todos, según mi criterio, de interés.

Peregrinación diocesana de Pamplona a Tierra Santa

(Día 17 de septiembre de 2005)

AEREOPUERTO
En el aeropuerto de Noain se percibía un cierto nerviosismo. Cerca de 200 navarros, con el pañuelico rojo atado al cuello, nos disponíamos a viajar a Tierra Santa. Empujados por un fuerte viento subimos por la escalerilla portátil al Avión. Cuatro horas después, llegábamos a Tel Aviv, conocida como “la colina de la primavera”. Desde el Hotel pudimos admirar las aguas del Mediterráneo. Fue una noche de sueños y de ruidos. Era sábado. Dormimos muy poco.

Al día siguiente, de par de mañana, exultantes y animosos, fuimos llegando al comedor. La gente todavía no hablaba demasiado. Enseguida corrió la noticia: “ha muerto Benigna, la madre de Don Santos”. Don Santos iba como guía-responsable de esta peregrinación diocesana. Nos unimos a su dolor y al de sus tres familiares que viajaban con nosotros. Los cuatro regresaron a Pamplona en el primer vuelo.

CESAREA DEL MAR
Con espíritu jovial, pero roto el corazón, iniciamos el programa establecido. Visitamos Cesárea del Mar, una de las ciudades, en otros tiempos, más bellas y magníficas; evangelizada por el diácono Felipe y foco floreciente del cristianismo. Más tarde, contemplamos la bella ciudad de Haifa, el centro de los bajais con sus jardines de estilo persa, San Juan de Acre, lugar lleno de historia y de evocadoras ruinas, para llegar, poco después, al Monte Carmelo, en hebreo: Karm-El, “la viña de Dios”, donde celebramos fervorosos la primera Eucaristía.

Intensas e importantes han sido las emociones vividas por todos en esta peregrinación. Señalaré dos puntos geográficos que golpearon mi alma de modo particular: el primero, el Mar de Galilea, en hebreo Kinneret, (por tener la  forma de un arpa), precioso lago de aguas apacibles y tranquilas; y el segundo, la vista panorámica de la Ciudad de Jerusalém, que tras cantar “Que alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor, ya están pisando nuestros  pies tu umbrales Jerusalém”, apareció ante nuestros ojos como un mar de piedras, con sus murallas altas y almenadas, con sus torres y troneras: Desde el Monte Scopus, pudimos contemplar el Torrente Cedrón, la Mezquita  de Omar, la explanada del Templo, la Puerta Dorada, la Puerta de San Esteban y al fondo el Cenáculo, la Basílica del Santo Sepulcro.

LA ESTRELLA DE BELEN
Y dos lugares fueron, de entre tantos, los que removieron mi espíritu: uno, la Basílica de Belén, en hebreo “casa del pan”, donde hace más de 2000 años nació el Verbo de Dios, señalado ahora con una brillante estrella, regalo de los Reyes de España y la sencillez de un pequeño pesebre; el otro, el Santo Sepulcro, el lugar, sin duda, más importante para los cristianos de todos los tiempos. Sobre él depositamos nuestros sentidos besos y renovamos nuestra fe en Cristo resucitado, a la vez que cantábamos con fuerza distintos aleluyas queriendo rubricar con nuestras voces aquellos momentos llenos de gran emoción y de esperanza.

Numerosas han sido las imágenes traemos impresas en nuestros ojos y también en nuestro corazón: la Basílica de la Anunciación; Nazaret, en arameo “torre de vigía”; la Iglesia de San José, la fuente de María; Ein Karem, el pueblo de Isabel; Cafarnaún, “aldea de Nahum”,  su sinagoga; la casa de Pedro, el Monte Tabor y el de las Bienaventuranzas, la tierra de Samaria, con sus suaves colinas cubiertas de olivos; Jericó, el Huerto de Getsemaní, “prensa de aceite”, el Muro de las Lamentaciones; la Vía Dolorosa, las Sinagogas, el barrio viejo de Jerusalém, sus rabinos, sus niños y las innumerables tiendas siempre abiertas.

HUERTO DE LOS OLIVOS
Actos verdaderamente entrañables de esta peregrinación fueron, la renovación de las promesas del Bautismo en el Jordán, que hicimos todos, recordando el Bautismo de Jesús; la renovación del sacramento del matrimonio y bendición de los casados, en Caná de Galilea, que realizaron los esposos; la renovación de los votos de obediencia, castidad y pobreza y del voto especial de fidelidad absoluta al Sumo Pontífice que hizo Susana Palacios; la renovación de las promesas sacerdotales en el Cenáculo que hicimos los sacerdotes; el rezo del Magnifica en la Iglesia de la Visitación, cuyo texto aparecía en 41 letreros en distintos idiomas; el rezo de la Salve en lengua latina,  del Benedictus que en otro tiempo entonara Zacarías, el Padre Nuestro, grabado en mas de 70 lenguas.

Y conmovedoras fue también las lecturas y reflexiones de algunos textos evangélicos, tales como: la promesa del Primado de Pedro, la multiplicación de los panes y los peces, la curación del paralítico en la piscina de Betesda, el discurso del pan de vida en la Sinagoga de Cafarnaún, el relato de Jesús caminando sobre las aguas del Mar de Tiberíades, la parábola del Buen Samaritano, etc.

MAR MUERTO
Y después de tantas emociones y vivencias religiosas, aún pudimos admirar la riqueza de la Mezquita de Omar, la obra inexplicable de Masada, la singularidad de las aguas del Mar Muerto, las cuevas del Qumrán, los campamentos de los beduinos, los frescos naranjales, los eternos olivares, los blandos campos de algodón, los edificios de piedra blanca en los lugares más altos.

El conocimiento de la tierra de Jesús nos ayudará a cuantos hemos tenido la suerte de realizar esta peregrinación, a conocer mejor al propio Jesús y su doctrina y, lo que es más importante, nos ayudará a tratarle con más frecuencia y más amor. Cuando, en la tarde del 24 de septiembre, pisábamos el Aeropuerto de Noain, todos decíamos lo mismo: ¡¡¡Hay que volver a Tierra Santa!!!


José María Calvo de las Fuentes

PARA ESCUCHAR
https://www.youtube.com/watch?v=766EuVOTzp0

miércoles, 31 de diciembre de 2014

SENCILLAS VIVENCIAS

DOCE CAMPANADAS


Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1.
Agradece el pasado como don de Dios.

2.
Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3.
Di "sí" al paso de Dios por tu vida.

4.
Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5.
Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6.
Mira a la vida con sencillez y amor.

7.
Ten buen humor, pase lo que pase.

8.
Perdona y pide perdón.

9.
Haz algo por el otro y serás feliz.

10.
Atento, Dios te habla cada día.

11.
Dios cuenta contigo.

12.
Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.



QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE