lunes, 29 de marzo de 2010


Martes Santo
San Juan 13, 21-33. 36-38


Cuando dijo esto Jesús se turbó en su espíritu, y declaró:
—En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a quién se refería. Estaba recostado en el pecho de Jesús uno de los discípulos, el que Jesús amaba. Simón Pedro le hizo señas y le dijo:
—Pregúntale quién es ése del que habla.
Él, que estaba recostado sobre el pecho de Jesús, le dice:
—Señor, ¿quién es?
Jesús le responde:
—Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.
Y después de mojar el bocado, se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo:
—Lo que vas a hacer, hazlo pronto.
Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió con qué fin le dijo esto, pues algunos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: “Compra lo que necesitamos para la fiesta” o “da algo a los pobres”. Aquél, después de tomar el bocado, salió enseguida. Era de noche.
Cuando salió, Jesús dijo:
—Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará a él en sí mismo, y pronto le glorificará.
»Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como dije a los judíos: “Adonde yo voy, vosotros no podéis venir”; lo mismo os digo ahora a vosotros. Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.
Le dijo Simón Pedro:
—Señor, ¿adónde vas?
Jesús respondió:
—A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde.
Pedro le dijo:
—Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.
Respondió Jesús:
—Tú darás la vida por mí? En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.

Te encontrabas, Señor, profundamente conmovido. No era para menos. Y también lleno de pena; lo manifestaste diciendo: “os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Los discípulos se sobrecogieron. ¿Quién sería el traidor? Entonces, Juan, instado por Pedro, te preguntó: Señor, ¿quién es ? Y Tú le contestaste: Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan, se lo diste a Judas, hijo de Simón el Iscariote.

Judas era uno de “los tuyos”. ¡Cuántos ratos pasados junto a Ti, Señor! ¡Cuántas cosas maravillosas había oído de tus labios! ¡Cuántos milagros realizados por Ti, fueron contemplados por sus ojos! Quizás alguna vez te había manifestado su afán por el dinero y Tú le habías dicho que podría superarlo; que basta que creyera.

Y detrás del pan, entró en él Satanás. Y entonces Tú, Señor, le dijiste: “lo que vas a hacer hazlo enseguida”. Y Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Y cuando Judas salió, comenzaste a decir cosas maravillosas. Dijiste que iba a ser glorificado, que tenías que irte, que estaba próxima tu hora. Entonces, Pedro te preguntó: Señor, ¿a dónde vas? Y Tú le dijiste que ahora no podían seguirte, que te seguirían más tarde. Y Pedro, ¿y por qué no ahora?, estoy dispuesto a dar la vida. Y Tú le dijiste: sí, sí, la vida; antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.

Ayúdanos a permanecer siempre a tu lado.