martes, 6 de julio de 2010

DÉCIMA CUARTA SEMANA DEL T. O.

MIÉRCOLES
SAN MATEO 10, 1-7

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK  http://www.opusdei.es/

Habiendo llamado a sus doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus impuros y para curar todas enfermedades y dolencias. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón Cananeo y Judas Iscariote, el que le entregó.
A estos doce envió Jesús después de darles estas instrucciones:
—No vayáis a tierra de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; sino id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id y predicad: El Reino de los Cielos está cerca.

Cuando recuerdo tus correrías por tierras de Palestina, me estremezco y me emociono. El alma se me pone de puntillas y el espíritu borbotea en mi interior acciones de gracias. ¡Dichosas ciudades y benditas aldeas que tuvieron la suerte de recibir tus visitas! ¡Y benditas las Sinagogas y los hogares, donde predicabas la Buena Noticia, curabas distintas enfermedades y aplacabas numerosas dolencias!

¡Misterio de la gracia y de la libertad! Eras Dios y te sometiste a limitaciones de tiempo y espacio. Eras hombre y soñabas llegar hasta el último rincón de Palestina. Podías hablar con cada uno y te dirigiste a grupos numerosos, a multitudes ingentes. Eras dueño del tiempo y de las cosas y te faltaban jornadas, brazos, días.

Tal vez, por eso, aquel día llamaste a los doce y les diste extraordinarias potestades. Eran doce y les llamaste por su nombre. Y les diste precisas instrucciones; y les marcaste un orden; les dijiste: primero predicad, luego curad. Y todo hacedlo gratuitamente, sin esperar nada, porque gratis lo habéis recibido.

Y este ha sido tu proceder a lo largo de la historia. Y así sigues, Señor, contando con nuestros pobres brazos, con nuestra torpe palabra y con nuestras fuerzas débiles. Y hoy, como entonces, con calma, con paciencia, al paso de Dios, a tu paso, Señor, te vamos ayudando. Y sigues llamándonos por nuestro nombre, y sigues confiando en nuestra debilidad.

Cuando reflexiono sobre estas cosas me emociono internamente y el espíritu me envuelve como un torbellino impetuoso.