sábado, 6 de noviembre de 2010

CON SUS LÁMPARAS
TRIGÉSIMA SEGUNDA SEMANA DEL T. O.

DOMINGO (A)
SAN MATEO 25, 1-13

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK
http://www.youtube.com/watch?v=Pa1t9dUQ_PM

»Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. Como tardaba en venir el esposo les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!” Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan”. Pero las prudentes les respondieron: “Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras”. Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!” Pero él les respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora.

En esta parábola, Señor, como en todas las parábolas, nos ofreces una enseñanza. La necesidad de la vigilancia. Necesitamos velar “porque no sabemos ni el día ni la hora” en que vendrás a pedirnos cuentas. ¡Lo has querido así!

El cuerpo de la parábola es la espera del esposo. Una realidad cotidiana, un hecho con frecuencia repetido. Nada nos cuesta imaginarnos el hecho. Quizás aquella misma noche había tenido lugar en la aldea donde Tú, Señor, con tus discípulos habíais descansado. Quizás todavía resonaban los cantos y parabienes en vuestros oí-dos.

Sea como fuera, el hecho es que Tú, Señor, aprovechaste para decirles a los que te seguían, que el Reino de los Cielos es como una boda: que el esposo eres Tú, que las diez vírgenes son las personas invitadas al Reino: que no basta tomar las lámparas sino que es necesario llenar las alcuzas con el aceite de las buenas obras.

“No basta con que estemos en la Iglesia, hay que mantener viva la fe y hacer buenas obras; hay que vigilar, permanecer en vela, vivir preparados”.

San Agustín comentó así este pasaje: “Vela con el corazón, con la fe, con la esperanza, con la caridad, con las obras (...); prepara las lámparas, cuida de que no se apaguen, aliméntalas con el aceite interior de una recta conciencia; permanece unido al esposo por el Amor, para que él te introduzca en la sala del banquete, donde tu lámpara nunca se extinga” .

Dice el texto que aquellas jóvenes, cinco eran necias y cinco prudentes; que las prudentes al llegar el esposo estaban allí, lo recibieron y entraron; que las necias, no estaban presentes y cuando llegaron, la puerta se había cerrado y no pudieron entrar.

Haz, Señor, que vivamos vigilantes, que estemos siempre pre-parados; que Te amemos siempre.