domingo, 1 de febrero de 2015

VIEJOS ESCRITOS

Y ME HABLÓ LA MADERA 
Con atención escuchaba este relato, cuando sentí que golpeaban en la puerta de entrada. Me levanté con rapidez y me dirigí al lugar donde sonaban los golpes. Enseguida advertí que la puerta estaba cerrada y era ya la hora de abrir el templo al culto. 
Saqué mi manojo de llaves y di con la que necesitaba, a la primera. Abrí la puerta y me encontré con una buena mujer que como cada día llegaba a rezar. La gustaba madrugar. Se coloca en el último banco y comienza a rezar rosarios hasta que comienza la Misa. 
A veces, pienso que esta buena mujer está perdiendo el tiempo, pero no; estoy seguro que su comportamiento es de singular importancia para la vida de la parroquia y en concreto para mi vida. En el reiterado “ruega por nosotros” dirigido a la Virgen me veo en ellos. 
Como otras veces, le saludé. Ella me respondió, pero sin perdida de tiempo comenzó sus rezos. Yo me volví al banco y comencé a rezar el Breviario. Aquel día, por providencia, que no por casualidad, me tocó rezar el Salmo 5 que empieza así:
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.


PARA ESCUCHAR
https://www.youtube.com/watch?v=l7qyBuUjDdA