miércoles, 18 de diciembre de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

BODAS DE ORO SACERDOTALES
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Era costumbre aquellos años, acabada la ceremonia de la Misa, que el nuevo misacantano, sentando en un sillón colocado en rellano de las escaleras del presbiterio, recibiera de sus vecinos la felicitación y sus respectos, a la vez que le besaban sus manos consagradas.

Iniciaban el besamanos los padrinos de Misa, tal como se ve en la fotografía. En este caso, Eva en primer plano y detrás su marido, Pepe.

Eva está abriendo un frasco de colonia. De él depositaría unas gotas en las manos sacerdotales. Cada cierto tiempo, a lo largo del besamanos, haría lo mismo.

Detrás de los padrinos se ve la cara de José Luis de Santiago, que sería uno de los primeros, junto con Hipólito y Don Teodoro, en besar mis manos.

Después pasaron mis padres, Don Avelino, hermanos, primos, familiares, sacerdotes y fieles todos del pueblo.

Mientras el besamanos, desde el coro se cantaban cánticos apropiados al acontecimiento. Laus Deo.