jueves, 3 de octubre de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

VERANO RICO EN PEPINOS


Ha sido este verano, el verano de los pepinos. Pepinos por todos los sitios; salíamos de paseo, allí nos encontrábamos con Don Balbino comiendo un tierno pepino; nos fijábamos en las hortalizas de las huertas, allí saltaban con fuerza los pepinos.

Hasta la propia casa llegaban los pepinos. Y no es que los pepinos de buenas a primeras le haya dado por meterse en las casas, no. Eran otras las razones de su presencia.

Por ejemplo, llegaban de manos de Amalia, que nos ponía a la puerta de casa bolsas de pepinos o nos invitaba a recogerlos en la suya. No una vez, sino varias veces, muchas veces. Tanto que teníamos pepinos para “dar y tomar”.

En efecto, dábamos pepinos y tomábamos pepinos. Aunque para ser más exactos habría que decir que tomaban pepinos, porque a mí, no sé porque, se me atraviesan los pepinos.

Otras veces llegaban los pepinos de traídos por Justino o su hermano Carlos, recogidos de su huerta. A veces llegaban del huerto de la Anuncia. Total que estábamos rodeados de pepinos por todas las partes.

Y como suele decirse “a caballo regalao no le mires el diente”, lo mismo: “a pepinos regalados no les pongas trabas”. Así que a pelar pepinos, a comer pepinos y a regalar pepinos, por aquello de que “el que da de lo dao tiene el cielo ganao”. ¡¡¡Benditos pepinos!!!


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