domingo, 31 de julio de 2011


PROPINA DE JULIO DE 2011




EL VALOR DE LA VIDA ORDINARIA

Anoche dormí, ¡qué suerte!, de un tirón. El silencio externo y la paz interior me ayudaron a descansar más y mejor. Me levanté media hora más tarde de lo habitual, pero lo hice con el mismo deseo de servir al Señor a lo largo de toda la jornada, empezando por el minuto heroico.


El cielo estaba completamente azul. Un suave viento movía las ramas de los árboles y acariciaba el rostro de las personas y de las cosas. Paseando por el patio de mi casa, recé parte del oficio divino. Una y otra vez se clavaron en mi alma mensajes sálmicos. Valga como ejemplo este trozo del Salmo 118: “Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables; hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre”.