miércoles, 26 de enero de 2011

TERCERA SEMANA DEL T. O.

JUEVES
SAN MARCOS 4, 21-25

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK http://www.vatican.va/



Y les decía:
—¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No se pone sobre un candelero? Pues no hay cosa escondida que no vaya de saberse, ni secreto que no acabe por hacerse público. Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.
Y les decía:
—Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis se os medirá y hasta se os dará de más. Porque al que tiene se le dará; y al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.

Te fijabas en todo, Señor. Conocías el brotar de las flores y el cambio del tiempo según qué viento soplase. Sabías qué era un arado y qué era un celemín. Sabías para qué servía una lámpara o cómo se cocía el pan, bien amasado, en el horno. Y en muchas ocasiones hablaste de estas cosas.

Hoy, del candil; de ese sencillo instrumento que sirve para alumbrar el espacio de una habitación o de una cocina, de su uso y de su sitio en la casa.

“El candil no se pone debajo del celemín o se mete debajo de la cama”. Debe ponerse en el candelero, en un lugar adecuado para que dé luz alrededor y se vea.

Y continuación, la aplicación. Nada hay oculto que no sea descubierto, y nada secreto que no sea puesto en claro. Es decir, si algo se hace en el silencio, no es para que allí se quede, sino para que se descubra, ayude, ilumine. Y si algo se hace a ocultas, tarde o temprano, debe salir a la luz, debe saberse.

Y después añadiste: el que lo quiera aplicar que lo aplique; el que tenga oídos para oír que oiga; es decir, el que haya entendido el ejemplo que lo tome en cuenta: claridad en las obras, responsabilidad en ellas.

Luego añadiste: “la medida que uséis con los otros la usarán con vosotros y con creces”. Con ello nos invitabas a ser generosos, misericordiosos, justos, fieles y a la vez nos advertías que así actuarían con nosotros.

Y terminaste con una sentencia desconcertante: Al que tiene se le dará; y al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará, es decir, quien corresponde a la gracia se le dará más gracia todavía y abundará cada vez más; pero el que no hace fructificar la gracia recibida quedará cada vez más empobrecido”.