sábado, 11 de diciembre de 2010

JUAN EL BAUTISTA
TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

DOMINGO (A)
SAN MATEO 11, 2-11

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK
http://www.youtube.com/watch?v=dzaFSnDudjs

Entretanto Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las obras de Cristo, envió a preguntarle por medio de sus discípulos:
—¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?
Y Jesús les respondió:
—Id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. Y bienaventurado aquel que no se escandalice de mí. Cuando ellos se fueron, Jesús se puso a hablar de Juan a la multitud:
—¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con finos ropa-jes? Daos cuenta de que los que llevan finos ropajes se encuentran en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: Mira que yo envío mi mensajero delante de ti, para que vaya preparándote el camino. »En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

Juan el Bautista se encontraba en la cárcel. Allí había llegado por haber “cantado” las verdades a Herodes. Y en la soledad de la cárcel, sufría por la imposibilidad de pregonar tu venida y difundir las noticias que hasta él llegaban sobre tu actividad reciente. Porque hasta la cárcel llegaba tu doctrina y tus milagros.

Tantas cosas decían de Ti, Señor, y tantas cosas le habían contado sus discípulos, que hubo un momento en el que a Juan le preocupó la desazón de los que a él le seguían. Quizás pensaban los discípulos de Juan que tu figura hacía sombra a la de su maestro. Por todo lo cual Juan tomó la decisión de enviar a algunos de sus discípulos a que hablasen contigo.

Aunque él bien sabía que Tú eras el enviado; el Mesías, pero para que sus discípulos se enterasen, les envió a que te preguntaran si Tú eras el que había de venir o había que esperar a otro. El asunto era importante.

Tú les respondiste: id y anunciadle a Juan lo que estáis viendo y oyendo; no olvidéis nada. Los discípulos de Juan volvieron y le dijeron todo.

Mientras, Tú, Señor, que tanto querías a Juan —le conocías desde hacía tanto tiempo— comenzaste a hacer preguntas sobre él y su persona.