martes, 16 de diciembre de 2014

SENCILLAS VIVENCIAS

Dios salva "un corazón arrepentido", mientras que los que no confían en Dios logran de por sí la “condenación”


Así lo afirmó Francisco en su homilía en la misa matinal en la capilla de la Casa de Santa Marta. 

La humildad salva al hombre a los ojos de Dios, mientras que el orgullo lo pierde. La clave reside en el corazón. El corazón humilde está abierto, sabe arrepentirse, acepta la corrección y la confianza en Dios. Lo opuesto es el soberbio: arrogante, cerrado, no conoce la vergüenza, es impermeable a la voz de Dios. El texto del profeta Sofonías y del Evangelio sugieren a Francisco una reflexión en paralelo. Ambos textos hablan de un "juicio" del que dependen la salvación y la condenación.