martes, 1 de octubre de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

El SEGUNDO SILLÓN Y SUS CONSECUENCIAS

Había comenzado la fiesta del pueblo y no era plan de ponerse a desmontar el segundo sillón, mientras los demás estaban de holganza. Y entre música callejera y toques de campanas en la torre, nos pusimos en el tercer día de fiesta, y nosotros, sin acometer el desmonte del segundo sillón.

Además, se daba la circunstancia de que finalizadas las fiestas, terminaban nuestras vacaciones. Así que el tercer día de fiesta, pertrechados de martillo y hacha, cuando el sol descargaba sus rayos sobre el patio, comenzamos Merche y yo los duros mamporros sobre el segundo sillón.

A pesar de la experiencia que habíamos conseguido con el primero, éste, se nos hacía cuesta arriba. Pero la decisión estaba tomada, y fuera como fuera, nos habíamos propuesto dar con el sillón en el desguace.

Así que golpe por aquí, tirón por allá, poco a poco fuimos descuajaringando este hermoso sillón que en épocas pasadas habría adornado, sin duda, el salón de alguna buena casa.

Con el trabajo a medio hacer, nos llegó compañía. Unas manos fraternas que nos ayudaron  a deshacer en pocos minutos lo que había sido realizado extraordinariamente en otros tiempos.

Tras "sangre, sudor y lágrimas", el sillón quedó hecho migas. Aunque tuvimos que pagar el peaje a tal destrozo: Merche, además de un retortijón de rodilla, se clavó una punta en un dedo, consecuencia, viajar a Osorno y ponerse la inyección contra el tétanos; un servidor, según dicen personas entendidas, un fuerte dolor de lumbago que apareció a los cinco días. Solo las manos fraternas, se salvaron de la quema.

Al fin, un patio limpio de viejos sillones, había merecido la pena de "sudar, sufrir, llorar".


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