lunes, 23 de septiembre de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

PARA ENROJAR, 
HACE FALTA SABER Y QUERER


Enrojar es una operación sencilla, pero no exenta de cierto riesgo. Hay que empezar por sacar la ceniza amontonada del día anterior o de días anteriores, si la operación no se hecho a diario. Una vez extraída, hay que llevarla al basurero.

A continuación, hay que almacenar junto a la boca de la estufa, un cierto material con lo que iniciar el fuego y poder mantenerlo. Este material hay que bajarlo del desván, donde se encuentra almacenado. El desván está en la casa de dentro, por lo que acercarlo, no es nada cómodo.

Una vez todo preparado, comienza la faena. Primero se colocan unos papeles o material fácil de encender, se les da fuego y aparecen las primeras llamas. Una vez conseguido el fuego, se echan cartones, ramujos, maderas, todo aquello anteriormente preparado.

Un día, las llamas se salieron hacia fuera y la “enrojadora”, se vio obligada a utilizar agua para salvarse de las llamas. Y desde entonces, cuando comienza a enrojar, además de preparar lo anteriormente señalado, colocaba cerca una regadera llena de agua, “por si las moscas”.

No le hizo falta ningún día, después de aquel primer susto. Pero como dice el refrán popular, “más vale prevenir que curar”, como los bomberos prepara la manguera.

Terminaba la faena, cierra la charpa que había abierto al principio para que saliera el humo por la chimenea. Los resultados positivos del enroje llegan después. Ambiente agradable, humedades corregidas, saneamiento de la casa.


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