miércoles, 8 de septiembre de 2010

VIGÉSIMA TERCERA SEMANA DEL T. O.

JUEVES
amad a vuestros enemigos
SAN LUCAS 6, 27-38

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»Pero a vosotros que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla ofrécele también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica. Da a todo el que te pida, y al que toma lo tuyo no se lo reclames. Como queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo de igual manera con ellos. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto.
»Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y con los malos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y se-réis perdonados; dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida que midáis se os medirá.

Lo decía la gente y tenía razón. Tú, Señor, hablabas con autoridad. No eras un pregonero de feria, ni siquiera un orador afamado o un político con carisma, eras un maestro, el verdadero Maestro que habla con la autoridad que da el conocimiento cierto —in-falible— de lo que se enseña y la coherencia de su cumplimiento: que enseña lo que vive, y vive lo que enseña. Infalibilidad santidad. En todo y siempre ibas por delante: hacías y enseñabas; enseñabas y cumplías.

Hasta la fórmula introductoria del mensaje de hoy es sublime, elegante, llena de autoridad. Pero a vosotros que me escucháis os digo. Así de sencillo y así de fuerte: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. Y luego dijiste más cosas, arriba en el texto están recogidas. Conviene leerlas de nuevo.

Apunto un par de términos: mejilla, manto. Al decir mejilla pensarías, Señor, en tus mejillas: en tu cara llena de salivazos, en tu frente coronada de espinas, en tus ojos abultados, en tus pómulos rojizos, en tu rostro hecho un trapo; luego dirías: al que te pegue en una mejilla ofrécele la otra; al decir manto, pensarías en tu túnica, hecha de una pieza, tejida quizás por tu Madre; luego dirás a quien te pide la túnica dale también el manto.

¡Como siempre hablabas enseñando! Aprendamos de ti a perdonar, a querer, a amar. Sólo así seremos tus discípulos; sólo así seremos distintos de los paganos, de los pecadores; sólo así seremos continuadores de tus pasos, de tus enseñanzas, de tus mandatos.

Nos dijiste también que imitáramos al Buen Dios, a tu Padre, como Tú lo hacías. Que fuéramos misericordiosos, que fuéramos justos, que perdonáramos siempre, que abriéramos las manos a todos y las fuentes de la alegría y las puertas del corazón.

La recompensa será apretada, colmada, rebosante, remecida.