martes, 13 de julio de 2010

DÉCIMA QUINTA SEMANA DEL T. O.

MIÉRCOLES
SAN MATEO 11, 25-27

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK http://www.unav.es/

En aquella ocasión Jesús declaró:
—Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.

¡Cuántas ocasiones tuviste, Señor, para hacer grandes declara-ciones, para fijar tu doctrina en las tablas públicas de los pueblos, para levantar acta solemne de tus normas y leyes! ¡Pero no lo hiciste! No era ése tu estilo. No habías escogido el camino del espectáculo ni de la majestuosidad para darte a conocer.

Esta vez, Señor, sí declaraste algo. Pero no lo hiciste a bombo y platillo. Lo realizaste con humildad y llaneza. ¡Hasta tus destinatarios eran sencillos, los pequeños de la tierra! Tú, Señor, dueño de cielos y tierras, ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y te fijaste en los sencillos, en los pobres, en los humildes.

Ese era el querer del Padre y a eso habías venido: a cumplir su voluntad. Y fijaste este mensaje: “nadie conoce al Hijo sino el Padre ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo”.

Ten a bien, Señor, que te conozcamos a Ti, Hijo de Dios; que conozcamos al Padre, que conozcamos al Espíritu Santo; que conozcamos a la Santísima Trinidad.

Por nuestra parte, este es nuestro programa: creer en el Padre, creer en el Hijo y creer en el Espíritu Santo; esperar en el Padre, esperar en el Hijo y esperar en el Espíritu Santo; amar al Padre, amar al Hijo y amar al Espíritu Santo.