lunes, 14 de enero de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS


SABER PARARNOS A PENSAR

Casi todos los días, cuando me dirijo a la Parroquia, me encuentro con alguien por la calle: un señor que pasea a su perro; un chico que cruza en bicicleta la plaza; una señora que arrastra el carro de la compra; dos empleadas comerciales que depositan “desperdicios” en los contenedores; una joven que se acerca la Caja Rural... Así podría seguir señalando otros encuentros mañaneros. Hoy, sin embargo, no ha sido así. Hoy, cuando he salido a la calle y he echado una ojeada a lo largo y ancho de la plaza, no he visto a nadie: ni animal (las palomas son frecuentes), ni ser humano alguno. Nadie. Sólo he sentido el suave roce de unas gotas de agua que caían de las nubes. Y para ser exactos, también ha llegado a mis oídos, el ronco ruido producido por el levantamiento de una persiana de uno de los pisos más cercanos. Y nada más. 

Entonces fue cuando me vinieron a la memoria unas palabras de Benedicto XVI que había leído la tarde anterior y que escribo: “Cierto: a veces es difícil percibir esta profunda realidad porque el mal hace más ruido que el bien; un homicidio feroz, extendidas violencias, graves injusticias son noticia; al contrario, los gestos de amor y de servicio, la fatiga cotidiana soportada con fidelidad y paciencia, se quedan a menudo en la sombra, no emergen. Es motivo también para que no nos quedemos sólo en las noticias si queremos entender el mundo y la vida; debemos ser capaces de detenernos en el silencio, en la meditación, en la reflexión serena y prolongada; debemos saber pararnos a pensar”. Debo advertir: hoy era domingo.

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