viernes, 13 de septiembre de 2013

EL PRIMER DÍA DE VACACIONES


Aquella misma tarde, como solemos hacer todos los años,  dimos una vuelta por las diferentes dependencias de la casa, para comprobar que todo estaba en regla.

Enseguida nos situamos, cada uno en nuestra habitación, de forma que parecía que habíamos vivido allí toda la vida.

El patio estaba lleno de geranios, algunos con flores, otros esperando florecer de inmediato. El canto de las palomas torcaces animaban el ambiente aquellas primeras horas.

Visitamos al Señor en la Iglesia Parroquial. Hicimos un rato de oración. Algo que repetimos todas las tardes al caer el sol. Luego un breve paseo, visita a la Virgen de la Piedad y retirada a casa para cenar.

Tras la cena, una partida a cartas, entre los hermanos. Gesto este que también repetimos casi todas las noches.

Y a las doce, a descansar. Como no se oía más que el ruido del reloj cuando daba las horas, aquella primera noche dormimos de maravilla.