jueves, 29 de abril de 2010

CUARTA SEMANA DE PASCUA

VIERNES
SAN JUAN 14, 1-6

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»No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, sabéis el camino.
Tomás le dijo:
—Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino?
—Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida —les respondió Jesús—; nadie va al Padre si no es a través de mí. Si me habéis conocido a mí, cono-ceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto.

Señor, aquel día les dijiste a tus discípulos que no tuvieran miedo; que no se dejasen dominar por el palpitar del corazón. Que creyeran en Dios y que creyeran también en Ti. Lo mismo nos recuerdas hoy a nosotros: que no nos preocupemos por los vientos fuertes que azotan el ambiente y que creamos en Dios y en Ti. Eso basta.

Ante las llamadas al temor y a la duda, procuraremos que nuestros corazones, con tu gracia, no tiemblen. Y seguimos diciéndote que creemos en Ti, Señor, y en el Padre Dios y en el Espíritu Santo. Escuchamos, como dichas ahora y para nosotros, las palabras proferidas por Santa Teresa. “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”.

Luego nos hablaste de distintas estancias; que ibas a prepararnos sitio; que volverías; que nos llevarás contigo; que adonde estás Tú, estaremos también los demás; que ya sabíamos el camino; que te siguiéramos.

La cosa era importante. Había que ir detrás de Ti, pero no sabíamos el camino ni a dónde ibas. Por eso, agradecemos que Tomás dijera: “cómo podemos saber el camino, si no sabemos adónde vas?

Tú respondiste: Tomás, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por Mí. Ahora sabemos que Tú eres el camino y el término; que Tú eres el esfuerzo y el premio; que Tú eres el deseo y la eternidad.