viernes, 5 de noviembre de 2010

Y LES DIO UN TALENTO
VIGÉSIMA PRIMERA SEMANA DEL T. O.
SÁBADO
SAN MATEO 25, 14-30

CON SOLO GOLPE DE CLIK http://www.rtve.es/mediateca/videos/20101102/barcelona-se-preparan-para-visita-del-papa/919143.shtml

»Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó. El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno fue, hizo un agujero en la tierra y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: “Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos”. Le respondió su amo: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor. Se presentó también el que había recibido los dos talentos, dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos”. Le respondió su amo: “Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor”. Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: “Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo”. Su amo, le respondió: «Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo de donde no he esparcido; por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío junto con los intereses. Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez. »Porque a todo el que tenga se le dará y tendrá en abundancia; pero a quien no tiene, incluso lo que tiene se le quitará. En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes».


Con insistencia volvías, Señor, sobre el mismo tema: el Reino de los Cielos. ¡Es tan rica su realidad! ¡Tan sublime su certeza! Por eso, te servías, para explicarlo, de hermosas parábolas y de originales comparaciones. En cada una mostrabas un matiz distinto, complementario. Hoy nos contaste la parábola de los talentos.

Es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A todos confió algo. Pero en cantidades distintas. A uno le entregó cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo. Luego el amo se marchó.

Pasó el tiempo, la vida, las oportunidades para aquellos servidores. Los dos primeros trabajaron afanosamente, de sol a sol; ambos pusieron a rendir sus cualidades y sus fuerzas; ambos reflexionaron concienzudamente, buscaron soluciones a sus problemas, tomaron las cosas en serio. Resultado: ganancias, éxitos, beneficios.

En cambio, el que había recibido un solo denario, se dedicó a manosearlo, a pensar en si mismo, a mirarse al ombligo, a enterrar sus facultades y potencias por miedo a que se pudieran desgastar. Resultado: un agujero en el campo lleno de egoísmo, de fracaso.

Después de mucho tiempo, llegó el amo. Y habló con cada uno de sus criados. Trató de sus trabajos, de sus empresas, de sus quehaceres, de sus resultados. Al final, aquel amo pronunció el veredicto: felicidad a raudales para los que trabajaron con sus talentos; y tristeza inmensa para el agostero miedoso y cobarde.

Como colofón, añadiste: a todo el que tenga se le dará y tendrá en abundancia; pero a quien no tiene, incluso lo que tiene se le quitará. Al que tenga ganas de trabajar se le dará; al que no tengas ganas de trabajar se quedará sin nada.

Señor, que aprenda a trabajar; a querer esforzarme, a cooperar con tu gracia, con tus muchos o pocos talentos. Y luego, si respondo, a disfrutar de la alegría del cielo.
...CON SUS LÁMPARAS
VIGÉSIMA PRIMERA SEMANA DEL T. O.
VIERNES
SAN MATEO 25, 1-13

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK http://www.youtube.com/watch?v=QkMKC9XBygQ
»Entonces el Reino de los Cielos será como a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Ya está aquí el esposo”! ¡Salid a su encuentro! Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: «Dadnos de vuestro aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan». Pero las prudentes les respondieron: “Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y para nosotras”. Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos! Pero él les respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por eso, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Una y otra vez, insistes, Señor, sobre el Reino de los cielos. Y lo haces a través del género parábola. Esta vez, la parábola la tomaste de una costumbre social de tu tiempo: la espera del esposo que hacen las amigas de la novia.

En ella, desde un principio nos hablas de la necesidad de la prudencia, de emplear el sentido común, de ser precavidos; de poner los medios para alcanzar los fines. ¡Nos jugamos tanto en estas cosas!

Y sin embargo, unas veces, nos olvidamos de preparar lo necesario; otras, el cansancio, la espera, el desaliento minan nuestras fuerzas; desgastan nuestras energías, y caemos en el sueño, en la modorra, en el sopor, en la pereza; en ocasiones, aún habiendo sido diligentes y previsto ciertas dificultades, incluso hasta pequeños detalles, las limitaciones, propias de nuestra naturaleza, nos hacen caer en el sueño.

Y cuando lleguen, más tarde o más temprano, las voces y los gritos, el jolgorio y la bullanga, es el momento de actuar, de saltar a la arena, de tomar posiciones. Y de nuevo, la prudencia tomará protagonismo, la preparación será más necesaria y el orden más imperioso.

Al contrario, si no ha habido precaución, ni prudencia, ni orden, tras el sueño modorro y atolondrado, llegará el despertar ineficaz; y cuando se nos pidan soluciones rápidas y precisas, nos encontraremos con respuestas desordenadas e inútiles. Habrá, entonces, que desandar lo andado, y revolver emociones y curar entuertos; y hasta pedir milagros. Pero ya no habrá tiempo: las puertas estarán cerradas, los cerrojos bien echados.

Y llegará el esposo. Y felices, entrarán las prudentes, las sensatas; y dentro habrá gozo y alegría; y fuera, quedará la angustia, la aflicción y la congoja. Y en medio una puerta. Y los nudos de las manos que golpean de nuevo y las voces que llegan de dentro y que dicen: no os conozco. Y otra vez desde fuera dirán: ¡eh! que sí, que somos nosotras. Y desde dentro nuevo: ¡eh! que no os conozco.

Y terminaste con un breve mensaje: Por eso, velad, porque no sabéis el día ni la hora.