sábado, 3 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

CLASES 
DE LATÍN Y DE LITERATURA




Además de las tareas propiamente sacerdotales que Don Manuel nos había ido confiando a los coadjutores desde los primeros días de nuestra llegada a la Parroquia, nos proporcionó también otras actividades, no exclusivamente  unidas al oficio sacerdotal pero servían para abrir nuevos campos de apostolado.

A mi concretamente me habló de la posibilidad de dar clases de latín y literatura en una Academia particular de Barruelo. Con total libertad podía aceptar  la propuesta o no aceptarla. Dije que sí.

Así que un buen día, después de desayunar, me dirigí a la Academia en cuestión. Estaba esta Academia en el Barrio de San Pedro, al otro lado del río. Se trataba de un pequeño edifico, con varias clases.

El Director se llamaba Fernando. Un profesor joven, activo, con iniciativas que se había abierto camino de esta manera en una profesión que le gustaba.

Legué a la hora prevista. Alli estaba Don Fernando esperándome. Nos presentamos, hablamos del asunto y llegamos a la siguiente conclusión:  daría clase de latín y de literatura en su Academia. Me señaló los días y las horas y las clases. Después, seguimos hablando de otras cosas durante un buen rato.

Esta actividad, me sirvió para repasar los conocimiento del latín y de literatura estudiados en el Seminario. Eran dos asignaturas que siempre me habían gustado.

Aprendí enseñando y enseñé aprendiendo. Los resultados fueron satisfactorios. Varios alumnos pudieron formarse mejor y abrirse camino en la vida.


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