viernes, 9 de agosto de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

MINEROS, VINO BLANCO Y ACEITUNAS


Tan pronto como recibí el nombramiento de Capellán de Minas de Barruelo de Santullán, mi padre, hombre sensato y prudente, me advirtió, cosa que siempre tuve en cuenta, que tuviera cuidado en el trato con los mineros.

Durante la Guerra Civil Española y antes también, en Barruelo de Santullán había existido, entre los mineros, un ambiente anticlerical muy marcado.

Mi sorpresa fue grande, cuando el primer domingo, terminada la Misa Mayor, a la puerta de la Iglesia, un grupo de mineros me esperaban para que les acompañase a “tomar unos blancos”. Les acompañé, acordándome del consejo de mi padre. 

Entramos en el primer bar que encontramos. Uno de los mineros, hizo señas al camarero para que nos sierva una ronda de blancos y unas aceitunas que colocó en un plato.

Mientras tomábamos el blanco, que entraba divinamente, hablamos y hablamos. O por mejor decir, hablaban y hablaban... Yo escuchaba, a unos y a otros, procurando quedar bien con todos.

De pronto, el camarero a la señal de uno de los presentes, nos sirvió otra ronda de blancos y más aceitunas. Hablamos, hablamos…; y llegó la tercera ronda y un nuevo plato de aceitunas.

La primera impresión sobre los mineros de Barruelo, había sido muy buena. Los viejos recelos, podía con toda seguridad, dejarlos de lado. Y eso es lo que hice.