viernes, 8 de febrero de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS



NO OS AFANÉIS POR VUESTRA VIDA

Eran seis o siete palomas. Todas iguales. Cada una iba a lo suyo. Y todas, a lo mismo: buscaban alimento, nunca mejor dicho, entre las piedras y baldosas del suelo. A simple vista -vista humana- no se veía nada que coger, pero las palomas, ellas sabrán porqué, picoteaban y picoteaban sin parar.

Ante esta simpática estampa, me quedé parado mirando fijamente a las palomas. Lentamente, me coloqué muy cerca de ellas. Y las palomas, sin inmutarse, seguían pica que pica sobre el suelo.

Con rapidez realicé un examen de su estado físico. Me pareció que las palomas estaban sanas, pero hambrientas. Y sin más, pensé en las personas necesitadas, pobres, hambrientas, solas.

Me acerqué un poco más a las palomas y ahora sí, ahora, las palomas, todas a la vez, emprendieron el vuelo, posándose a poco mas de treinta metros. Eran seis o siete, no las pude contar.

De de improviso, me acordé de estas palabras evangélicas: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?"

Luego, seguí mi camino. Las palomas supongo que el suyo. Era una mañana de invierno. Llovía y nevaba.

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