Y ME HABLÓ LA MADERA

Sentí un ligero cosquilleo, casi imperceptible. No entendí que era lo que había hecho aquel hombre.
El, antes de marcharse, volvió a mirarme, pasó las yemas de sus dedos por la pequeña señal y sin otro gesto, se alejó. Nunca más volví a ver a aquel paisano.
Pasaron
las horas. Llegó de nuevo la tarde, la noche y las sombras apagaron mis
pensamientos. Aquella noche soñé con viajes y aventuras, con gentes y con
fiestas, Algo extraordinario adivinaba iba a ocurrir en mi vida. No sabía que
iba a suceder conmigo, pero vislumbraba acontecimientos extraordinarios. Quería
explicármelo pero acerba a hacerlo.