jueves, 11 de julio de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

EN TREN, A MI PRIMER DESTINO

ESTACIÓN DE FERROCARRIL. OSORNO LA MAYOR

Llegó el día 10 julio, fecha en la que debía presentarme en el primer destino. La mañana de este día la pasé con mis padres y hermanos. Ordenamos un poco las cosas, vimos más despacio los regalos que había recibido en mi primera Misa y preparamos lo que tenía que llevar.

Fueron pocas cosas: un par de mudas, el pijama, los útiles de afeitar, el breviario recién estrenado, un Nuevo Testamento. Y poco más. Mi idea era, presentarme al Párroco, saber sus planes y volver de nuevo unos días a Villasarracino. Por eso, pensaba que no necesitaba llevar muchas cosas.

A eso de media tarde, me trasladé en una DKW del pueblo, a Osorno. Allí cogería el tren que iba de Palencia Santander y llegar hasta Aguilar de Campoo, donde debería tomar otro tren dirección de Barruelo de Santullán.

Me acompañaron hasta Osorno, mi padre y algún hermano, no recuerdo quien. Allí, en la sala de espera de la estación de Osorno, mientras llegaba el tren, mi padre me repitió, una vez más, los sabios consejos que ya me había dicho antes: “no hables mucho al principio, ve y observa; ten cuidado con los mineros, ya sabes como son…; con el Párroco se amable y atento”.

A la hora prevista llegó el tren. Me despedí de los míos. Subí al tren y traté de buscar asiento. Enseguida me acomodé en un viejo departamento en el que viajaban tres personas: un matrimonio mayor y un señor de unos treinta años. El saludo de rigor y  a esperar la salida.

Me asomé a la ventana y con la mano me despedí de mi padre y hermanos, mientras en la cabeza me iban dando vueltas los sabios consejos de un viejo labrador.

Seguiré mañana.