viernes, 7 de enero de 2011

CINCO PANES Y DOS PECES
FERIA DESPUÉS DE EPIFANÍA

8 DE ENERO
SAN MARCOS 6, 34-44

CONN UN SOLO GOLPE DE CLIK
http://www.youtube.com/watch?v=KvTDEgcAp7A&feature=related

Al desembarcar vio Jesús una gran multitud y se llenó de compasión por ella, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Y cuando ya se hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron:
—Este es un lugar apartado y ya es muy tarde; despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor, y compren algo de comer.
Y les respondió:
—Dadles vosotros de comer.
Y le dicen:
—¿Es que vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?
Él les dijo:
—¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo.
Y después de averiguarlo dijeron:
—Cinco, y dos peces.
Entonces les mandó que acomodaran a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y empezó a dárselos a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos. Comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces. Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

En efecto, era una multitud, un rebaño sin pastor. Cada uno ca-minaba por su sitio; cada uno iba a lo suyo; y todos se movían un poco atolondrados, ignorantes. Ante panorama tan triste Tú, Señor, tuviste lástima de ellos.

Y les enseñaste muchas cosas. Les dijiste que había que servir; que había que amar; que había que perdonar; que la vida era un servicio; que la existencia era un tesoro.... Y tan a gusto te escchaban, Señor, que ni se enteraron que el tiempo pasaba.

Fueron tus discípulos los que se dieron cuenta. Y acudieron a Ti, e intercedieron por ellos. Te pidieron que les instases a volver a sus casas, a que se dirigieran a los cortijos cercanos a comprar algo, a que cada uno se arreglase de algún modo. Pero Tú, Señor —siempre más generoso—, invitaste a todos a comer allí mismo. Ante tal invitación, tus discípulos quedaron aturdidos. ¡Se necesitaba tanto dinero para comprar algo para tanta gente! No sabían qué hacer.

Tú sí sabías lo que ibas a hacer: un milagro. Y para realizar aquel milagro quisiste contar con “los tuyos” y con aquellos cinco panes y aquellos dos peces. Cumpliendo órdenes, tus discípulos mandaron a la gente que se colocaran por grupos, de ciento y de cincuenta. Y todos se sentaron en la hierba.

Entonces, Tú, Señor, tomaste en tus manos los cinco panes y los dos peces, alzaste la mirada al cielo, los bendijiste y, sin más, los diste a los discípulos y estos los repartieron a la gente. Comieron todos hasta hartarse. Y aún sobró algo por allí: como doce cestos de pan y peces. Y los que comieron fueron más de cinco mil.

Al fin se hizo de noche. Aquellas personas, satisfechas y contentas, se fueron a sus casas, y sin poder explicarse aquel hecho, bendecían a Dios.