martes, 21 de enero de 2020

21 DE ENERO DE 2020




Manipulación de unas palabras del Papa Francisco


Están trayendo a debate, en algunos medios de comunicación, la interpretación de unas palabras del Papa Francisco en el Ángelus del 31 de diciembre de 2017: “Los padres son los custodios de la vida del hijo, no los propietarios”.

Texto y contexto

Está claro que el Papa utilizó esta expresión pero algunos olvidan el contexto en que las dijo: que los padres son los “custodios” de sus hijos” y que el “propietario” es Dios (no el Estado).

En esta alocución del primer domingo después de Navidad, en la que se celebra la Fiesta de la Sagrada Familia, el Santo Padre invitó a reflexionar sobre la experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia en el amor recíproco y en la confianza en Dios.

“La expresión de esta confianza – afirmó el Pontífice – es el rito realizado por María y José con la ofrenda del hijo Jesús a Dios: «Llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor» (Lc 2,22), como exigía la ley de Moisés. Los padres de Jesús van al templo para confirmar que el hijo pertenece a Dios y que ellos son custodios de su vida y no los propietarios”. Es decir, los hijos pertenecen a Dios.

Y repetimos, que el Papa lo que dice es “que el hijo pertenece a Dios” y que los “custodios” son los padres. En ningún momento hace referencia al Estado ni como custodio ni como propietario.

Dios origen y fuente de la vida

Este gesto, precisó el Papa, indica que solamente Dios es el Señor de la historia individual y familiar; y que todo nos viene de Él y por ello, toda familia está llamada a reconocer tal primacía, cuidando y educando a los hijos a abrirse a Dios que es la fuente misma de la vida.

El gozo de ver crecer a los hijos con sabiduría y gracia

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó también, que hoy el Evangelio nos habla de esta gran alegría de la familia de ver crecer a los hijos. “Ellos están destinados a desarrollarse y fortificarse, a adquirir sabiduría y a acoger la gracia de Dios, justamente como sucedió a Jesús. Él es verdaderamente uno de nosotros: el Hijo de Dios se hace niño, acepta crecer, fortalecerse, está lleno de sabiduría y la gracia de Dios está sobre Él. María y José tienen el gozo de ver todo esto en su hijo; y esta es la misión a la cual está orientada la familia: crear las condiciones favorables para el crecimiento armonioso y pleno de los hijos, para que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo”.

En ningún momento se hace referencia a que es el Estado el propietario ni custodio de los hijos. Son los padres los custodios de sus hijos y su misión es llevarlos a Dios.

Por lo tanto, la custodia de los padres los llevará a procurar que su hijos se acerquen a Dios. Y, seamos claros, lo que se propone parece que poco llevará Dios.

La solución a este tema es dejar libertad a los padres (custodios) para que decidan si llevan a sus hijos a estas clases que pretende el Gobierno o no los llevan. Y recordar, por último, que la libertad es la piedra de toque de la democracia.

20 DE ENERO DE 2020


¿Quién no quiere tener a alguien con quien co
mpartir un pensar y desear común? Una amistad inquebrantable, de esas que se edifican sobre el mutuo querer por querer. Un amigo que siempre esté ahí, a nuestro lado, es la mejor lotería que nos puede tocar. Lograr esa relación de amor del alma, que lleva a buscar el bien del amigo por encima de todo, constituye un tesoro reservado a unos pocos.
Sí, la amistad es «el plato fuerte de la vida», en acertada expresión de mi querido doctor Enrique Rojas, que yo le robo de vez en cuando. Hoy, en concreto, para encabezar esta gacetilla. Es incalculable la holgura que aporta un amigo fiel. Una forma de amor que a mí me seduce y que trato de colocar en el centro de mi vida. Me refiero a una amistad firme, leal, sincera.

Precisamente a este compartir de pensamiento y sentimiento, de una manera firme y sincera, muy sincera, dedica un reciente texto Fernando Ocáriz, el prelado rojo del Opus Dei. Aclaro: digo lo de rojizo porque nació en el exilio, hijo de padres republicanos; y, claro, con esos antecedentes, se entiende que sienta predilección por estos temas que llevan el rastro de su corazón y defienda con vehemencia, en esta larga reflexión, «el inestimable valor social de la amistad, como contribución a la armonía y a la creación de ambientes sociales más dignos de la persona humana». Algo, por otra parte, muy cristiano.

Me ha gustado este llamamiento de Monseñor Ocáriz a compartir con los demás alegría y sinsabores, afanes e ilusión. Vivir es esto. ¡Qué, si no! «Jesús, ¡quiere mucho!», me repetía con aquella mirada limpia que pertenecía más al cielo que a la tierra, mi irreemplazable amigo Javier Echevarría. Pues sostiene el prelado rojo que «valorar a quien es distinto o piensa de modo diverso es una actitud que denota libertad interior y apertura de miras: dos aspectos de una amistad auténtica». ¡Qué gran verdad!

«Necesitamos descubrir lo bueno en cada persona y renunciar al deseo de hacerlas a nuestra imagen». Cierto, muy cierto, Don Fernando: las cosas del querer no tienen cómo ni porqué. Al contrario: «el amigo no puede tener, para su amigo, dos caras. El hombre falso, de ánimo doble, es inconstante en todo». Estarás de acuerdo conmigo, amable lector, en que la verdadera amistad exige renuncia, rectitud; osadía y generosidad. Si no es un intercambio de calderilla. Algo que nada tiene que ver con el plato fuerte de la vida.