miércoles, 29 de septiembre de 2010


MANDÓ OTROS SETENTA Y DOS

VIGÉSIMA SEXTA SEMANA DEL T. O.

JUEVES
SAN LUCAS 10, 1-12

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Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar a donde él había de ir. Y les decía:
—La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id: mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino. En la casa en que entréis decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hubiera algún hijo de paz, descansará sobre él vuestra paz; de lo contrario, retornará a vosotros. Permaneced en la misma casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, pues el que trabaja es merecedor de su salario. No vayáis de casa en casa. Y en la ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros”. Pero en la ciudad donde entréis y no os acojan, salid a sus plazas, decid: Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos contra vosotros; pero sabed esto. el Reino de Dios está cerca”. Os digo que aquel día Sodoma será tratada con menor rigor que aquella ciudad.

Aquella tarde debió ser emocionante. Junto a Ti, Señor, un montón de discípulos. Todos unidos como una piña. La gente que os contemplaba se llevaba las manos a la cabeza. No entendían nada. Así las cosas, tras un silencio orante, comenzaste la faena. Designaste a setenta y dos; y, de dos en dos, los enviaste allá donde pensabas ir Tú, Señor.

Y les decías: ¡Mirad la mies, amplia, extensa, madura, pronta a ser recogida! Y nos faltan brazos, nos faltan obreros. Hay que contagiar las ganas, hay que conseguir más brazos. Pedid, se os dará.

Id vosotros. Os envío como corderitos en medio de lobos hambrientos. No llevéis estorbos, no os entretengáis por el camino. Dad paz y buscad paz. Permaneced en ese ambiente lo que haga falta. Donde no os abran la puerta, no insistáis; id a otro lugar.

Predicad este breve mensaje: El Reino de Dios está cerca de vosotros. Algunos os harán caso. Otros, ni caso os harán. Sacudid el polvo, no os detengáis en la plaza; pero cuando marchéis no dejéis de vocear que el Reino de Dios está cerca. Qué nadie pueda decir que no se enteró: pregonadlo bien.

Y te acordaste de Sodoma y de Roma, y de Babilonia, y de Jerusalén, y de Constantinopla, y de Grecia, y de Alejandría; y del mundo entero. ¡Grande es la mies y qué pocos los obreros! ¡Rogad al dueño de la mies mande obreros a su mies!

J. Casiano, Collc. 4,12. Cfr. Sagrada Biblia. Nuevo Testamento. Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona 1999, pág. 289.

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