martes, 21 de septiembre de 2010

VIGÉSIMA QUINTA SEMANA DEL T. O.

MIÉRCOLES
SAN LUCAS 9, 1-6

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK http://www.unav.es/

Convocó a los doce y les dio poder y potestad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades. Los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos. Y les dijo:
—No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas. En cualquier casa que entréis, quedaos allí hasta que de allí os vayáis. Y si nadie os acoge, al salir de aquella ciudad, sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos. Se marcharon y pasaban por las aldeas evangelizando y curando por todas partes.

Un día, después de haber hecho Tú, Señor, una larga y profunda oración, llamaste a los que quisiste. Y de entre ellos escogiste a doce. Quisiste además llamarlos por su nombre. Ellos respondieron libremente, y te siguieron felices. Y desde aquel momento andaban siempre contigo.

Pasado el tiempo, otro día los convocaste y les diste poder y potestad sobre los demonios, y potestad para “curar enfermedades”. Si la primera llamada había sido conmovedora, este acto debió ser emocionante. Quizás volviste a llamarles por su nombre y, pasando por delante de cada uno, les impusiste las manos sobre su cabeza, a la vez que les decías palabras llenas de fuerza y de virtud.

A continuación, les enviaste a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. Y con claridad les dijiste: Predicar la Buena Noticia y ofrecer salud a las almas y vida a los cuerpos. Los Apóstoles, sin duda ninguna, se llenarían de emoción y de alegría.

Y, para que no perdieran el tiempo en preparaciones inútiles, antes de salir, les recordaste que no llevaran ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni dos túnicas, es decir, que iniciaran el camino en la pobreza y en la necesidad.

Y, además, les recomendaste que pidieran posada para descansar; que agradecieran la acogida a quien se la diera, y que sacudieran las sandalias en el caso que no fueran recibidos.

Y aquellos doce, el alma llena de fervor y el ánimo alegre, al instante marcharon y pasaban por las aldeas evangelizando y curando por todas partes.

¡Qué felicidad y qué aventura!

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