sábado, 23 de octubre de 2010

EL FARISEO Y EL PUBLICANO
XXX DOINGO TIEMPO ORDINARIO CICLO C
 EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 18, 9-14


CON UN SOLO GOLPE DE CLIK

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás:
-- Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

El domingo pasado el evangelio de San Lucas nos animaba a pedir con confianza e insistencia. Y nos ponía como ejemplo a aquella viuda que reclamaba justicia ante el juez injusto, “que ni temía ni a Dios ni a los hombres”.

Hoy la liturgia de la Iglesia nos ofrece una nueva característica de la oración: la humildad. Y lo hace a través de otra parábola: la parábola del fariseo y el publicano.

Aparecen en esta parábola dos personajes antitéticos: el primero es el representante de la pureza legal; el otro, de la injusticia y de la explotación del pueblo.

El primero, el fariseo, de pie, oraba con afectación y arrogancia: sólo él es justo, los demás son pecadores. Trata con desdén al publicano y formula un juicio temerario. Y termina su plegaria con una manifiesta alabanza de sí mismo: “Ayuno dos veces en la semana, doy diezmos de todo lo que poseo”.

Sin embargo, el publicano, se coloca lejos, se queda atrás, no se atreve a levantar la vista, se reconoce pecador. Y dice el texto, que el publicano volvió a su casa justificado.

Aprendamos pues a ser humildes ante Dios, a rezar con verdad y a no despreciar nunca a nadie.

Celebramos hoy la Jornada por la Evangelización de los Pueblos, el día Domund, este año con el lema: “Queremos ver a Jesús”.

Este lema está basado en la petición que algunos griegos, llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual, le presentan al apóstol Felipe y que recoge el evangelio de San Juan.

“La misma petición, escribe en su mensaje Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones, resuena también en nuestro corazón en este mes de octubre: Queremos ver a Jesús.

En una sociedad, sigue diciendo el Papa Benedicto XVI, vive en la soledad y en la indiferencia preocupantes, los cristianos debemos a prender a ofrecer signos de esperanza y extender el Evangelio y, “sin falsas ilusiones o inútiles miedos, comprometernos a hacer del planeta la casa de todos los pueblos”.

“Como lo peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes, no solo que “hablen” de Jesús, sino que “hagan ver” a Jesús; que hagan resplandecer el rostro de Jesucristo en cada ángulo de la Tierra (…) “especialmente ante los jóvenes de todos los continentes, destinatarios privilegiados y sujetos activos del anuncio evangélico”.

Hoy es un día de oración y de reflexión, de evangelización, de colaboración y de esfuerzo .






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