domingo, 19 de diciembre de 2010

CUARTA SEMANA DE ADVIENTO
MARTES (FERIA, DÍA 21 DE DICIEMBRE)
SAN LUCAS 1, 39-45

CON UN SOLO GOLPE DE CLIK
http://www.youtube.com/watch?v=7Qv02XKEpoU

Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:
—Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.
Tu Madre, Señor, dijo “sí”. Dijo “sí” a la voluntad divina. Agradeció al Altísimo que se hubiera fijado en Ella. Ser Madre de Dios y a la vez Virgen le parecía una grandiosidad. Y dijo “Sí”. Ella era la esclava del cielo y estaba dispuesta a servir, a ayudar, a obedecer.

Por aquellos días, se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá. ¡Cuánta historia se encerraba en aquel levantarse; en aquel caminar deprisa; en aquel cruzar la montaña; en aquel llegar a una ciudad de Judá y entrar en la casa de Zacarías; en aquel saludar a Isabel!

¡Cuántas veces escucharías Tú, Señor, este relato de labios de tu Madre!

Te diría —así me lo imagino—, “Mira, Jesús, tan pronto como supe que mi prima Isabel necesitaba de mis cuidados, sin dar respiro a la pereza, me puso en camino. Después de un duro caminar, llegué hasta la casa de Isabel. Con suavidad llamé a la puerta. En cuanto Isabel oyó mi llamada, salió gozosa a recibirme. Yo le saludé con piedad; y ella al escuchar mi saludo, se emocionó sobremanera. Luego me dijo que hasta el niño que llevaba en su seno había saltado de gozo a mi llegada. Yo también noté un gozo extraordinario en mi interior”.

“Cuando Isabel, movida por el Espíritu Santo, comenzó a hablar sobre mí y decirme que yo era la mujer más dichosa de toda la tierra, que era bienaventurada por que había creído lo que se me había dicho de parte de Dios, quedé sobrecogida. Y comencé a dar vueltas aquellas cosas en mi corazón. Yo sabía que el Niño que nacería de mí, era el Mesías, el Emmanuel, eras Tú, Dios con nosotros”.

Y te diría además, lo que Ella después de oír tanta alabanza, le dijo Isabel: “Mira, prima, sé que todo es gracia; que todo es don; que yo no soy más que una esclava; aunque sé que me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Por todo, ahora y siempre, Dios sea alabado. Él es único santo y poderoso”. Hágase su voluntad así en la tierra, como en el cielo.


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