lunes, 14 de octubre de 2013

SENCILLAS VIVENCIAS

RETIRO MENSUAL EN CARLOS III



Hacia una semana que no subía a Pamplona. Hoy, víspera de Santa Teresa, lo hago de nuevo. Acompañado de mis hermanas me acerqué a tomar el autobús (aquí le decimos villavesa). A nuestros pies se escapó el número cinco. Enseguida vino el tres. Poco más tarde, además, llegaría el veintiuno.

Subimos al autobús. “Ticamos”, cada uno con nuestra tarjeta de jubilados, que los tres somos ya jubilados. Yo subí el primero. Me senté en un asiento libre. Teo se instaló en un asiento que mira al revés. Merche se colocó detrás de mi.

Durante el camino, me fui fijando en los árboles que comienzan a tirar sus hojas. También observé que la gente iba abrigada. Es que el otoño se va colando por nuestras calles y callejas. No había mucho público en las paradas, por lo que llegamos al Centro de la Ciudad en un santiamén.

Me bajé en la Plaza de Merindades. Teo y Merche siguieron hasta San Ignacio. Tuve que esperar que se abriera el semáforo. Enseguida, Carlos III arriba, llegué hasta el número 51. Me abrió la puerta un señor, que graciosamente me dijo que llevaba allí desde la siete de la mañana para abrir.

Subí. Preparé para el retiro. El retiro estupendo. Luego los saludos, las preguntas. Total: entré en la vida normal. La vida de siempre, llena de pequeñas cosas y abierta a nuevas ilusiones. Del fondo del alma, me ha salido esa hermosa jaculatoria aprendida de Don Álvaro: “gracias, perdón, ayúdame más”.


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